
Miriam Guillén Campos
Especialista de 1er grado de Medicina General Integral
Magíster en Enfermedades Infecciosas
Salud Pública - Barrio Adentro
Los Teques, Venezuela
Resumen
Esta investigación se realizó en Guaicaipuro, Estado Miranda, Venezuela, y fue apoyada por el Ministerio de Educación Superior de la República de Cuba.
Se realizó un estudio descriptivo, transversal en 100 jóvenes de la comunidad Matica Arriba, del municipio Guaicaipuro, estado Miranda, en la República Bolivariana de Venezuela. Este estado es reconocido como de alta incidencia de infecciones de transmisión sexual y SIDA del país. El objetivo propuesto fue conocer el estado de apreciación que los jóvenes tienen sobre algunos aspectos de la transmisión de las ITS y el SIDA. Para el análisis se tomaron en cuenta las siguientes variables: edad, sexo, ocupación, grado de escolaridad, posibilidad de contagio, forma de contagio, disposición a realizarse el examen para el diagnóstico de VIH, confidencialidad, razón por la que no se realizaría el examen, lugar donde se realizaría el examen, con pareja estable y sin pareja sexual estable. Como parte de los resultados se observó que un alto porcentaje de jóvenes reconoce la posibilidad de haber tenido una relación sexual en la que hubiese podido contraer el virus del SIDA y para quienes la relación sexual sin protección hubiese sido la forma más probable del contagio.
Palabras claves: VIH Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, transmisión, prevención, control, adolescente.
El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) aparece por vez primera en la primavera de 1981 en los Ángeles, EE.UU, cuando el Dr. M. Gottlieb describe los cinco primeros casos en jóvenes homosexuales de sexo masculino. Desde entonces el mundo ha visto la manera como esta enfermedad, que en un principio fue descrita solamente en países desarrollados, en hombres homosexuales y usuarios de drogas inyectables, se ha transformado en una pandemia que afecta a millones de hombres, mujeres y niños en todos los continentes.
Se reconocen, por lo menos, dos agentes productores del SIDA: el VIH-1 y el VIH-2. El primero, que presenta una distribución mundial, es el responsable de la mayor parte de los casos conocidos y presenta una mayor virulencia; el segundo está circunscrito a la región occidental del continente africano, aunque también se ha identificado algunos enfermos en otras regiones del mundo.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante 1998 se infectaron con el VIH cerca de 6.000.000 de personas en el mundo (1). De los seropositivos para VIH/SIDA, 90 % vive en países subdesarrollados, en los que se ha producido 95 % de todas las defunciones causadas por el SIDA.
Los jóvenes se ven afectados de una forma desproporcionada por el VIH y el SIDA. Aproximadamente la mitad de las nuevas infecciones por el VIH se producen en personas de 15 a 24 años, período en que la mayor parte de las personas inician su vida sexual. En 1998 fueron casi 3.000.000 los jóvenes infectados por el virus, lo cual equivale a más de 5 hombres y mujeres cada minuto del día, todos los días del año.
En los 25 años que han transcurrido aproximadamente desde que el SIDA surgió como una emergencia importante de salud, la epidemia ha tenido efectos graves, en muchos lugares incluso devastadores, sobre el desarrollo humano. En algunos países el SIDA ha socavando los progresos realizados hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en especial los que se relacionan con la reducción de la pobreza, el acceso universal a la educación primaria, la promoción de la igualdad entre los sexos, la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la salud materna (IIVS, 2005; UNFPA, 2003).
El futuro de la epidemia de VIH está en manos de los jóvenes, porque los comportamientos que adopten ahora y los que mantengan durante toda su vida sexual determinarán la evolución de la epidemia en las próximas décadas. Continuarán aprendiendo unos de otros, pero su comportamiento dependerá, en gran parte, de la información, los conocimientos y los servicios con los que la generación actual de adultos dote a sus hijos.
La adolescencia es un período en el que muchas personas experimentan, no solo con diferentes formas de relación sexual, sino también con las drogas. Aparte del riesgo asociado al uso compartido de agujas, se sabe que el alcohol y las drogas psicoactivas pueden influir también en el comportamiento sexual y aumentar el riesgo de que una persona contraiga la infección por el VIH u otra infección por transmisión sexual (ITS). El consumo excesivo de alcohol reduce las inhibiciones, aumenta la agresión, reduce la capacidad de uso de la información importante aprendida acerca de la prevención del SIDA y deteriora la capacidad de tomar decisiones respecto a la protección.
La vía más importante de transmisión del VIH en el mundo es la sexual, tanto en relaciones homosexuales como heterosexuales. En general, el riesgo de transmisión sexual depende de la prevalencia de la infección en la población sexualmente activa.

El progreso de la enfermedad del VIH/SIDA está coligado con las discrepancias sociales unidas a disímiles actitudes culturales que imperan en nuestros países. La epidemia también se aúna a discordancias de orden social debido a que la prevalencia del VIH y la incidencia del SIDA son superiores en áreas donde la población le concierne a estratos socioeconómicos menores (1, 2, 3). Las disconformidades de género son otro aspecto de las distinciones mancomunadas con la epidemia, puesto que es un componente importante en las posibilidades de alcanzar niveles socioeconómicos de mejor o peor prerrogativa (4,5).
En prácticamente todos los países del mundo se han producido nuevas infecciones desde 1998 y son muchos los lugares en los que la epidemia se manifiesta de manera incontrolada. En la actualidad, más del 95% de las personas infectadas por el VIH vive en el mundo en desarrollo, y es en estos países en los que se ha producido el 95% de todas las defunciones causadas por el SIDA hasta la fecha, sobre todo en adultos jóvenes que, en condiciones normales, se encontrarían en los años de máxima actividad productiva y reproductiva. Las múltiples repercusiones de estos fallecimientos están alcanzando proporciones de crisis en algunas partes del mundo.
Sea cual sea el patrón de medida utilizado (deterioro de la supervivencia infantil, descenso de la esperanza de vida, sobrecarga de los sistemas de asistencia sanitaria, aumento de la orfandad o reducción de los beneficios empresariales), nunca hasta ahora había planteado el SIDA una amenaza tan grande para el desarrollo.
El programa de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) decidió, junto con sus copatrocinadores y asociados (1998), centrar la Campaña Mundial del SIDA en los jóvenes. En algunas partes del mundo la proporción de la población adulta total que vive con el VIH/SIDA se ha estabilizado o ha empezado a disminuir, pero esa buena noticia puede estar ocultando una verdad desagradable: los casos nuevos de infección en los grupos de edad más jóvenes siguen, tal vez, sin reducirse o aumentan incluso paralelamente a la disminución de la proporción global de gente que vive con el VIH/SIDA. Entre las razones principales figuró que más del 50% de las nuevas infecciones por VIH/SIDA se produjeron en jóvenes del grupo de edad de 10 a24 años (6).
La epidemia ha tenido consecuencias importantes en la población adolescente y joven, al considerarse que en América Latina y el Caribe la mitad de todas las recientes infecciones se ostentaban en individuos menores de 25 años de edad y que la generalidad se contagiaba por la ruta sexual. (7,8) En México, del total de casos reportados en el período 1993 - 1997, el 1.6% se ubicó en el grupo de los adolescentes (15 a 19 años de edad) y cuya característica particular es que preponderaba la vía de transmisión sexual. Este aspecto está fuertemente ligado a la prevalencia del 30% que se presentó en el grupo de 20 a 29 años, por el período de latencia que asciende entre dos y 11 años. Y más recientemente, en 2002, la Secretaría de Salud reportó que la mortalidad por VIH/SIDA en adolescentes de 15 a 19 años de edad representó el 0.65% durante este período (9, 10,11).
Los jóvenes y adolescentes son especialmente vulnerables a la infección por el VIH, ya que se encuentran en un período de transición en el que ya no son niños, pero no han llegado a la edad adulta; su desarrollo social, emocional y psicológico es incompleto y tienden a experimentar con formas peligrosas de comportamiento, a menudo sin darse cuenta de ello (12).
Por otra parte, la mayoría de personas jóvenes tiene solo un conocimiento limitado sobre el VIH/SIDA, en gran parte porque la sociedad no le facilita la obtención de información. Con frecuencia las políticas sociales ponen de manifiesto la intolerancia y la discriminación contra la juventud, como cuando limitan el acceso a la información sobre la salud y al cuidado de ésta. (13). Las respuestas de la salud pública a las necesidades de este grupo poblacional suelen ser contradictorias y llevar a la confusión. Asimismo, las normas y expectativas sociales, junto con la opinión de los jóvenes, influyen poderosamente en su comportamiento, generalmente de manera tal que contribuyen a aumentar los riesgos para la salud.
En la adolescencia se tiene un patrón de comportamiento impredecible, falta el discernimiento que viene con la edad, por lo común no se aprecian las consecuencias adversas de sus actos (18). Para los jóvenes, los riesgos de presentar el VIH/SIDA puede ser difícil de comprender. Como el VIH/SIDA tiene un largo período de incubación, el comportamiento arriesgado no tiene inmediatamente consecuencias manifiestas. Al mismo tiempo, para una persona joven los costos sociales de prevenir la infección por VIH/SIDA, inclusive la pérdida de la relación, la pérdida de confianza y la pérdida de aceptación por parte de los compañeros, puede ser un precio demasiado alto que pagar. Además, muchos jóvenes no están enterados de lo que se entiende por comportamiento sexual arriesgado. Aún si reconocen el riesgo de contraer el VIH/SIDA e incluso, muchos creen que ellos mismos son invulnerables. En estudios realizados en estudiantes, solo un 26% de estos, varones entrevistados, se consideraba en alto riesgo de contraer el VIH/SIDA, mientras que el 48% pensaba que sus amigos estaban en alto riesgo (19).
Muchos adolescentes experimentan con tipos de conductas arriesgados, sin darse cuenta de las posibles consecuencias adversas. Estos hallazgos ponen de manifiesto el sentido distorsionado de invulnerabilidad al VIH/SIDA de muchos jóvenes. Esta manera de sentir lleva a que estas personas ignoren el riesgo de infección y por lo tanto a que no tomen precauciones.
La madurez cognoscitiva parece estar relacionada con el comportamiento sexual mas libre de riesgo, por ejemplo, las mujeres jóvenes con preparación académica superior tienen más probabilidad de usar anticonceptivos (19). En ciertos lugares donde la prevalencia de VIH/SIDA es alta, algunas personas jóvenes no se consideran en riesgo, mientras que otros han dicho que si se infectaran, serían otros los responsables y no ellos. Algunos jóvenes hasta ponen en duda la existencia del VIH/SIDA (20).
En los Estados Unidos, investigadores encontraron que los adolescentes infectados por el VIH/SIDA tenían la probabilidad dos veces mayor que los adultos infectados de adoptar un comportamiento de alto riesgo como práctica de relaciones sexuales sin protección y compartir con otros la agujas para inyectarse drogas (21). La sexualidad produce en muchos jóvenes ansiedad y turbación, en parte porque es común que la sociedad misma reaccione de esta manera ante el tema. Aun los jóvenes que saben cómo protegerse contra el VIH/SIDA suelen carecer de las aptitudes para hacerlo; la ansiedad y la aprensión impiden, a menudo, que los jóvenes utilicen condones, porque para ello se requiere el conocimiento y cooperación de la pareja.
Algunos jóvenes, y especialmente las mujeres, corren riesgo de contraer VIH/SIDA por tener un sentido de inferioridad o por sentirse incómodos (as) con su sexualidad. A menudo no creen que puedan controlar su comportamiento sexual o anticonceptivo. Niegan que necesiten anticonceptivos o exageran la dificultad de obtenerlos; asimismo, los adolescentes que niegan el riesgo personal que corren de contraer el VIH/SIDA pueden ignorar los mensajes de prevención, descartar su importancia o pensar que ellos no son los responsables de la protección. Hoy se reconoce el papel fundamental que juega la comunicación en la adolescencia, principalmente con los padres y amigos, ya que ésta influye en la formación y en la modificación de las actitudes y conductas de los jóvenes (22, 23).
En su mayoría, los jóvenes adolescentes son considerablemente sensibles, especialmente en lo que respecta a la opinión de sus iguales. La percepción de lo que piensan los compañeros tiene, por lo común, mayor influencia en el comportamiento sexual o en cualquier otro tipo de comportamiento arriesgado, comparado con las opiniones de los padres y otros adultos. De tal forma que se ha observado en estudios que los jóvenes prefieren hablar con sus amigos sobre el VIH/SIDA, otros recurren a sus maestros y un gran grupo prefiere no hablar sobre este tema. Cabe destacar que solo pequeños grupos conversa del tema con sus padres (24).
Como inicio, un aspecto atrayente de descubrir en la percepción de los adolescentes es que no surge una misma argumentación acerca de lo que se concibe como sexualidad, no obstante, la mayoría de los jóvenes concuerda llanamente en que la palabra sexualidad se vincula con relaciones sexuales. Por el contrario, es poco frecuente el surgimiento de alguna expresión que vaya a razonar la sexualidad desde un marco más extenso e completo (26).
Asimismo, las prácticas sexuales en los adolescentes, las particularidades de éstas y la experiencia de la sexualidad sólo son aceptables de ser ilustradas por ellos, al hacer aludidas a otros jóvenes. Lo anterior evidencia que las relaciones sexuales en nuestras culturas, especialmente en lo correspondiente a los jóvenes, más aún si son mujeres, son una cuestión tabú, vigorosamente afín a la crítica, la intimidación, al reproche y el sigilo. Por otra parte, cuando se hace referencia al hablar acerca del amor, el afecto y lo afectivo que sienten respecto a otra persona, esos sentimientos son valorados en referencia a la relación de pareja. (27). Así, es viable concebir una barrera sobre la sexualidad, la cual está emparentada con la vida íntima, que emerge encubierta y, de alguna manera, fraguada en las experiencias de otros adolescentes, lo que repercute en una situación menos amenazante al hablar respecto de lo que ellos hacen o no hacen y que implica evitar comprometerse personalmente con el tema.
En cuanto a la percepción de riesgo de contraer el virus VIH, se observan dos perspectivas que parecen vincularse. Una de ellas sustenta que esto puede acontecerle a toda persona en cualquier momento; la otra es el pensamiento de que es poco probable que les ocurra a ellos mismos. En este sentido, ambas argumentaciones se polarizan (28). Dos terceras partes de las personas que padecen de infecciones por transmisión sexual se vieron infectadas antes de cumplir 25 años. Los jóvenes adultos son los grupos que mayor riesgo corren de adquirir una infección por transmisión sexual, por un buen número de razones: es más probable que tengan relaciones sexuales sin protección alguna y sus compañeros/as corren mayor riesgo de contraer infecciones.
De lo anterior se concluye que el contraer el virus se revela en una cuestión fortuita, que acontece sin que las personas logren vaticinar un escenario de riesgo y efectuar conductas designadas a impedir la transmisión del virus. La transmisión del VIH se manifiesta como un hecho tan insubordinado, que emana la conjetura de que no interesa lo que se haga para sortearla, esto puede suceder en cualquier momento, permaneciendo esta situación en manos del destino o del azar. Desde esta perspectiva, los jóvenes no cuentan con suficiente conocimiento del hecho que las personas pueden tomar un papel activo en la prevención de este padecimiento (29).
La prevención del contagio por el virus del SIDA ha sido, hasta el momento, fallida, así lo demuestran las crecientes cifras de infectados que se reportan en todas partes del mundo y, aunque desde el punto de vista epidemiológico el panorama se haya modificado, prevalece la vía sexual como mecanismo fundamental de transmisión. Se han identificado grupos de alto riesgo para contraer la enfermedad, entre estos, los hombres que practican sexo con hombres, pero en esencia todos somos considerados de riesgo y no se trata sólo de una afirmación efímera, sino que así es esencialmente percibido por las personas, principalmente por los jóvenes.
Muchos son capaces de percibir el riesgo, aunque aun así muchas veces fallan en evitarlo, exponiéndose a ser contagiados. Es entonces cuando el temor a ser contagiados y exponerse a la enfermedad trae consigo dos tipos muy específicos de reacciones, las cuales hemos observado claramente en la práctica médica. Unos optan por pedir ayuda rápidamente y detectar el contagio, en tanto otros, prefieren el anonimato. El problema puede ser más complejo si se analiza la conducta sexual posterior del paciente, la cual estará influida por numerosos factores de origen social, psicológicos y éticos que, puestos en la balanza individual de cada persona, determinará su comportamiento sexual y todo el beneficio o perjuicio que pueda devenir de este.
Si nos centramos en la situación imperante en Venezuela, país donde laboramos en la Misión Barrio Adentro, nos damos cuenta de que, aunque aparentemente la infección por VIH/SIDA está dentro de la clasificación Centrada, en realidad, no se conocen la totalidad de pacientes que viven con VIH, primero, por la cantidad de sub registros; segundo, por las deficiencias en la retroalimentación, de los casos diagnosticados en el servicio privado, a la red nacional de salud y, tercero, por lo referente a las condiciones humanas que se relacionan con el diagnóstico de dicha patología, es decir , la discriminación, el rechazo familiar y social, la pérdida del empleo y las dificultades económicas para la obtención de tratamiento completo.
Hacemos un llamado a la reflexión sobre la situación en Venezuela, planteada por el doctor Hans Salas Maronsky, Máster en Epidemiología, en su trabajo, Estimación y proyección del VIH/SIDA en Caracas, Venezuela, 2003-2004, donde plantea en sus conclusiones las siguientes consideraciones:
- Hay evidencias de que en Venezuela hubo subregistro de SIDA como causa básica de muerte en el lapso comprendido entre 1982 y 1999. Esta aseveración se relaciona con los resultados de ejercicios retrospectivos realizados con EpiModel y comparando las tasas de mortalidad por neumonía en el grupo de 25-44 años con el comportamiento de las tasas de mortalidad por neumonía y tuberculosis en otros grupos de edad para el mismo lapso en trabajos previos de los autores.
- La investigación de la información disponible sobre VIH/SIDA permitió evidenciar que en Venezuela la epidemia tiene características de un estado concentrado.
- El número estimado de personas que viven en Venezuela con VIH/SIDA hasta finales de 2003 era de 107.280 personas, en un intervalo de 79.960 y 150.420 personas. En 2004 se estimó un total de 144380 de infectados con VIH y un total de 6 MEF: nos estamos refiriendo a mujeres en edad fértil: 33.080 mujeres infectadas. Para el año 2015, si se mantienen los supuestos, se proyectaría un total de 172.420 infectados (escenario promedio).
- En el año 2015 pueden ocurrir 15.000 muertes por SIDA, según la estimación promedio. El aumento en la cobertura de tratamientos antirretrovirales puede disminuir las muertes para ese año.
- Los resultados nos permiten postular que si existieran intervenciones exitosas podría mantenerse la epidemia en estado concentrado con tendencia al descenso, alcanzando el estado de bajo nivel posiblemente después del año 2015. (Este supuesto excluye el potencial descubrimiento a corto plazo de una vacuna preventiva).
Además, refiere:
De cada 100 personas infectadas por el virus, 23 han muerto, esto entre los años 1982-1999. El 2% de la población podría ser portadora del VIH, lo que equivale a 400.000 personas. Según las zonas geográficas, las mayores tasas de morbilidad se registran en Distrito Capital, Zulia, Aragua, Carabobo, Miranda, y Anzoátegui. A esto se añade que Venezuela no hubo un registro de los casos diagnosticados de VIH /Sida durante 2005 por parte del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, y esto habla de la ausencia de programas educativos y preventivos eficaces y que eviten la propagación de la enfermedad. El 53,3% de los jóvenes universitarios desconoce o no usa ningún tipo de prevención en el sexo (40); ante esta situación tan alarmante, el Estado venezolano responde con políticas curativas y de dotación de medicamentos, con solo un 6% invertido para prevención, 64% en medicamentos y 6,7% en la detección. Esto se plantea en el artículo: Las políticas del Estado venezolano en relación a la situación de salud de los pacientes con VIH-SIDA -2004.
Dado que la práctica de sexo no protegido es el mayor riesgo para adquirir la infección por VIH, las acciones preventivas deberán encaminarse a modificar los comportamientos que implican una probabilidad elevada de contagio. Otro agravante es que el SIDA aparece como un problema de Salud Pública con un severo impacto social que recuerda las epidemias de cólera, lepra y sífilis que han azotado a la humanidad, provocando en la conciencia colectiva reacciones de miedo, vergüenza y rechazo a estos enfermos.
Nos queda mucho por hacer en cuanto a programas de prevención y todo lo que se refiere al comentario anterior constituye el motivo de la realización del presente estudio.
Determinar el estado de apreciación que tienen los jóvenes acerca de algunas de las formas de transmisión y protección contra el VIH/SIDA.
- Relacionar la edad, el sexo, la ocupación y el grado de escolaridad de los pacientes con VIH/SIDA, objeto de estudio.
- Determinar el tipo pacientes que admitan haber tenido contacto de riesgo y su relación con la estabilidad de la pareja.
- Describir las principales formas de contagio que reportaron los pacientes.
- Analizar la disposición de los pacientes a realizarse la prueba y el modo escogido para preservar el resultado.
- Enumerar las razones por las que los pacientes, aun sospechando haber sido infectados, no se realizarían el diagnóstico.
Se realizó un estudio descriptivo, transversal, con un universo de 254 pacientes con edades comprendidas entre 15 y 30 años de edad. Se elaboró un instrumento que posibilitó encontrar al azar a 100 jóvenes pertenecientes a la comunidad de Matica Arriba, sector I, del municipio Guaicaipuro, estado Miranda, constituyendo ésta la muestra del estudio. El trabajo se desarrolló en los meses de julio a septiembre de 2005. Para efectuar el mismo, se explicó a los pacientes el objetivo y la importancia de su participación y que ésta tendría un carácter anónimo, ya que su realización sólo se haría realidad con su previo consentimiento. Como criterios de inclusión se tuvieron en cuenta que fueran jóvenes de entre 15 y 30 años y que aceptaran participar en el estudio; y como criterio de exclusión se contemplaron los pacientes que no hubiesen tenido relaciones sexuales.
En el trabajo se relacionan las siguientes variables:
- Edad y sexo: (variables estrechamente relacionadas con la transmisión del VIH y la incidencia - prevalencia del SIDA). Para la edad se tomaron los siguientes rangos. 15 a 19, 20 a 24, 25 a 30 años. Para el sexo, el correspondiente desde el punto de vista biológico (masculino y femenino).
- Estabilidad de la pareja: se consideró con pareja estable (CPE) a aquellos jóvenes que reconocieron tener la misma pareja sexual por un período superior a los 6 meses y sin pareja sexual estable (SPE) a los jóvenes que negaron tenerla.
- Ocupación: se consideraron las siguientes opciones: estudiante, trabajador, ama de casa y desocupado.
- Grado de escolaridad:
-Primaria terminada (PT).
-Primaria sin terminar (PST).
-Bachillerato completo (B).
_Bachillerato sin terminar (BST).
-Universitario (U).
- La posibilidad de contagio: comprende todos aquellos pacientes que admitieron haber tenido una relación sexual mediante la cual pudieran, desde el punto de vista del propio paciente, haber adquirido la infección por la razón que fuese.
- La forma de contagio: donde se describe la forma por la cual el paciente consideró la posibilidad de haber sido contagiado.
- La disposición a realizarse la prueba: contempla la actitud del paciente ante la realización del examen del VIH y su confidencialidad. Cada cual podía dar cualquier razón por la que no se realizaría el examen, así como el lugar donde lo realizaría.
Los resultados del instrumento aplicado se almacenaron en una base de datos confeccionada con el programa Excel, utilizando una computadora Pentiun IV, con el sistema XP. Una vez recogida toda la información, los datos fueron vaciados en tablas de contingencia 2x2 para su mejor comprensión, las que fueron procesadas con el paquete estadístico MICROSTAT.
En relación con la edad y el sexo se tiene, como se representa en la tabla 1, que en ambos sexos el grupo que mayormente participó en la investigación es el correspondiente a las edades de 25 a 30 años, con 40.9%, para el sexo masculino y 37.5% para el femenino, respectivamente. El grupo etáreo menos representado fue el de 15 a 19 años, hecho que pudo estar motivado por no haber iniciado relaciones estables y porque el cambio de pareja en esta etapa es característico en este grupo de población.

El sexo masculino mostró mayor estabilidad en la pareja que el femenino con un 47.8 % y 45.4 % respectivamente, dato que podemos observar en la tabla 2, que nos muestra los pacientes que tenían pareja estable, destacándose el grupo de 25 a 30 años. A mayor edad, menor inestabilidad en la pareja; esto se pone de manifiesto en la tabla 3, donde se observa que el grupo de 15 a 19 años, tanto femenino como masculino, aporta el porcentaje más elevado, el 47.5% de la muestra en estudio. Estos resultados no se corresponden de manera exacta con otros autores, por ejemplo, Iván Justo (et al.), en 2003 planteó que la mayor estabilidad de la pareja la encontró en el sexo femenino. Este trabajo fue realizado en Cuba, en jóvenes con edades similares a las de las muestras del presente trabajo.
Con pareja estable

El aumento de la "edad del matrimonio" se ha ido desplazando a edades más tardías, lo que ha propiciado un incremento significativo de las relaciones sexuales prematrimoniales e inestables. La mejor medida de prevención de transmisión de ETS es evitar el contacto sexual con personas infectadas. Dado que es difícil identificar si la pareja sexual tiene una infección (casos sintomáticos), es importante discutir o conocer la historia sexual y del uso de drogas por parte de la pareja. Como esta información no se obtiene con seguridad, la monogamia, la reducción del número de compañeros sexuales, la no realización de prácticas sexuales de riesgo (sexo anal) y el uso del preservativo van a ser las medidas más eficaces para la reducción del riesgo. Se ha señalado, y es conocido el hecho de que la transmisión del VIH es directamente proporcional al cambio de pareja, la eficiencia de la transmisión y la duración del contagio Para lograr una exitosa estrategia de prevención se hace necesario promover la estabilidad de la pareja en los grupos estudiados (tablas 2,3).
Sin pareja estable




Como se observa en la tabla 6, el 100 % de los participantes admitió la posibilidad de haber quedado infectado después de una relación sexual inadecuada. El 33.09 % de los pacientes con pareja estable y el 66.6 % de los jóvenes sin pareja estable reconoció haber podido quedar infectado con el virus del SIDA después de una relación sexual sospechosa. Quizás el área de más difícil manejo en la prevención de la ITS y el SIDA descanse en los cambios en la conducta sexual, que también constituye un punto extremadamente difícil de medir. Unas de las recomendaciones contempladas y aplicables en nuestro estudio son la fidelidad y la monogamia sexual. Omitir este aspecto como parte de una estrategia de prevención sería un punto fallido siguiendo estos resultados.

El 76.0 % de los jóvenes tiene relaciones sexuales sin protección alguna, lo que nos muestra un bajo por ciento del uso del condón (tabla 7). Este aspecto deja muy en desventaja al resultado que reportan otros estudios, 4,5 y nos exponen a un riesgo elevado de transmisión de la enfermedad. Al mismo tiempo, la generalización del uso de condón ha encontrado obstáculos en diversas partes del mundo, reflejando ineficientes programas de educación y estrategias que contemplan el nivel de aceptación por los jóvenes, el estrato social y la existencia de tabúes y creencias religiosas.
La vía Parenteral tuvo un 3% y el contacto sexual con seropositivos al VIH no se encontró. En ambas situaciones, los resultados difieren a lo plantado por Iván Justo et al, ya que ellos obtuvieron un 1% en su trabajo realizado en Cuba, siendo este un punto más sobre el cual dirigir nuestras actividades de prevención, por lo que no puede olvidarse su importancia como vías de transmisión de VIH/SIDA.

Solo el 36.0 % de los jóvenes se realizaría el examen ante la duda de haber sido infectado por el VIH. Esta cifra refleja prejuicio y temor ante el estigma asociado a la infección por VIH y SIDA. Hacer frente al estigma y la discriminación y mitigar sus repercusiones, constituyen importantes elementos de toda respuesta al SIDA y son numerosos los proyectos de atención y prevención del VIH que incorporan esfuerzos para reducir el estigma (ONUSIDA, 2005). Sin embargo, hasta la fecha apenas se conoce la eficacia de las intervenciones específicamente ideadas para combatir el estigma. La acción judicial puede ser un camino (tabla8).
El número de jóvenes que no se realizaría la prueba (tabla8), aun cuando existiese la posibilidad de haber sido infectado (64,0 %), marca una pauta en cuanto a las estrategias y trabajos de prevención que necesita Venezuela de manera urgente, así como el reforzamiento de los sistemas de vigilancia que, aunque están implementados, no recogen de manera íntegra la totalidad de pacientes diagnosticados y tratados en medios de salud privados. Estos resultados no se corresponden, de ninguna manera con lo planteado por Iván Justo et al, ya que ellos plantean un porcentaje mucho mayor de pacientes que sí estarían interesados en realizarse las pruebas de laboratorio, centrados de manera fundamental en las ventajas del diagnóstico precoz de la enfermedad, así como la utilidad de la inclusión de pacientes infectados por VIH en las estrategias de prevención y la vigilancia epidemiológica.
En la tabla 9 se recoge la confidencialidad del resultado. El 19,0 % de los pacientes no informaría del resultado del VIH a nadie, aunque este tipo de conducta nos sitúa en una situación delicada desde el punto de vista del paciente, del médico y del resto de la comunidad. No es posible predecir a partir de esta respuesta la conducta posterior del paciente, pero sí nos pone alertas en el momento de desarrollar estrategias de intervención y programas de educación acerca del VIH/SIDA. El 33,0 % confiaría el resultado a sus familiares y el 48,0 % al personal médico.

Si algo hemos aprendido en los últimos 25 años de la epidemia es que la prevención del VIH funciona. Los éxitos obtenidos en el Brasil, Tailandia y Uganda a la hora de invertir el curso de sus respectivas epidemias nacionales de SIDA con un firme liderazgo político y una rápida aplicación de los esfuerzos de prevención están bien documentados. Datos más recientes indican, además, que las iniciativas en materia de prevención están contribuyendo actualmente a reducir la prevalencia del VIH en Camboya y Zimbabwe, así como en algunas zonas de Burkina Faso, Haití, Kenya y la República Unida de Tanzania (ONUSIDA, 2005a). Este tipo de estudio no solo es útil, previo a desarrollar acciones de intervención, sino para evaluar cuánto se ha hecho, o cuán distantes estamos aún de alcanzar una meta loable en este tan importante, problema de salud.
Para que una campaña para prevenir la expansión del SIDA sea eficaz, debe seguir las siguientes directrices:
- Tratar de promover soluciones, acordes con objetivos y criterios científicos.
- Dar a la población, especialmente a los jóvenes, una información científica veraz, para que puedan actuar en consecuencia.
En el presente trabajo, partiendo de la premisa anterior, hemos evaluado y comparado aspectos de mensurable importancia en la prevención y control de las ITS enfocados en la transmisión del VIH, encontrando aspectos realmente llamativos que pudieran marcar pautas en la ejecución de los diferentes programas de educación para la prevención de la infección por VIH en la República Bolivariana de Venezuela, en el grupo de edad con mayor riesgo de contraer y padecer esta enfermedad y para quienes la toma de decisiones en cuanto al reconocimiento del riesgo es de vital importancia.
La estabilidad de la pareja, una de las conductas sexuales más seguras en la prevención de las ITS, solo se obtuvo en el 46,1 % de la población estudiada. Aunque se sabe que este es un hecho que marca esta etapa de la vida sexual del individuo, no es posible sopesar el riesgo que constituye en la aparición de conductas inadecuadas. A esto se suman los jóvenes que manifestaron mantener una pareja sexual estable, pero al mismo tiempo admitieron tener relaciones sexuales sin protección, conducta de doble riesgo, pues compromete, además, la salud de su pareja.
El uso del condón, aunque es el único medio eficaz para detener la epidemia de SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, 9,10 pasa inadvertido en el 76.0 % de los jóvenes de nuestra serie. Nos hemos preguntado en qué se puede fundamentar esta conducta tan negativa, sin encontrar respuestas que superen la posibilidad de una infección por el VIH. Llama la atención la existencia de un gran porcentaje (64.0 %) de los jóvenes que no se realizaría el examen si tuviesen duda, alegando no desear saberlo. Esto debe constituir un aspecto a tener en cuenta cuando se realizan actividades de promoción de salud de este tipo. De acuerdo con lo revisado en la literatura, la situación en Venezuela, como en muchos países y muy a pesar de los esfuerzos de la OMS, es de mantenimiento de los estigmas de la infección por VIH/SIDA.
Llamamos a la reflexión sobre el por qué del poco interés en la realización de las pruebas de laboratorio que indican la presencia de VIH/SIDA en Venezuela. Si tomamos en cuenta lo planteado en juicio público por una Demanda de Amparo, juicio realizado en Caracas en el año 2002 al MSDS por un grupo de pacientes que viven con VIH, en éste se plantea:
"…Al respecto, señala el apoderado del Ministerio que la solicitud de los actores representa un costo anual por paciente de Seis Millones Trescientos Veinticuatro Mil Bolívares (Bs. 6.324.000,oo) que, multiplicado por los 7.020 casos de personas afectadas con el VIH/SIDA, resulta la suma de Cuarenta y Cuatro Mil Trescientos Noventa y Cuatro Millones Cuatrocientos Ochenta Mil Bolívares (Bs. 44.394.480.000,oo), lo que evidentemente excede la capacidad presupuestaria asignada al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social".
Al efecto, los apoderados actores señalan que sus representados son personas que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), condición ésta que los ha colocado frente a una serie de infortunios que no solamente se refieren a su estado físico y mental, sino que también abarca su entorno social, familiar y de trabajo en razón del estigma social, discriminación y la indiferencia gubernamental. Señalan que, por lo que respecta a la atención y asistencia hospitalarias del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, se les "prestan servicios de manera discriminatoria, degradante e irregular, que ponen en peligro la vida de la población en general y de nuestros representados en particular", y que en dicha Institución se prescriben tratamientos que no son suministrados.
…"los tratamientos con los medicamentos mencionados deben darse con regularidad, en terapias combinadas y de por vida. La no administración regular de los mismos produce la llamada resistencia viral al medicamento, la cual trae como consecuencia desarrollar en el virus la capacidad de cambiar su estructura química que resista los efectos de los medicamentos", dejando a quienes viven con VIH/SIDA totalmente indefensos y con ello "la aparición de las llamadas enfermedades oportunistas, que conllevan a la muerte de las personas que viven con el VIH/SIDA".
Se NIEGA la pretensión expuesta en el punto 5) del petitum, de que se extendiesen los beneficios que fuesen otorgados en esta acción de amparo a todos los ciudadanos que viven en Venezuela con VIH/SIDA. Existen múltiples razones por las que las personas expuestas al riesgo de infección por el VIH no se someten a las pruebas: el miedo a la discriminación, el miedo a un resultado positivo, la falta de acceso al tratamiento o la falta de acceso a los servicios de pruebas. Según la OIT, el temor a perder el empleo disuade en muchas ocasiones a las personas de recurrir a los servicios de pruebas que tienen a su disposición.
De esto se desprende que el estigma está presente y sus manifestaciones son:
- Discriminación social y familiar.
- Posibilidad de la pérdida del vínculo laboral.
- Pérdida del seguro social.
- Insuficiente suministro de medicamentos antiretrovirales.
Volvamos entonces atrás. ¿Qué interés puede tener el paciente en saber si ha sido infectado en un contacto de riesgo? ¿Es solo saber, o que los demás sepan que está enfermo? ¿Es aportar una cifra más a las estadísticas venezolanas?
En la lucha por mantener la vida, el diagnóstico de esta terrible enfermedad para este grupo de población no constituye una opción, he ahí otro reto al que debemos enfrentarnos. Indudablemente, la noticia de que alguien ha sido infectado por el VIH constituye una eventualidad que se desearía compartir, en el mejor de los casos, con la familia; no debe ser de dominio general y así lo considera el 19.0 % de nuestros pacientes. Pero no debe llegar tampoco al extremo de no informar a las autoridades sanitarias competentes sobre el tema (48.0), otro punto álgido del enfoque de esta enfermedad, especialmente en ambientes discriminatorios e irreflexivos en relación con los pacientes infectados por VIH.
En la actualidad, solo un 12% de las personas de todo el mundo que desea someterse a las pruebas del VIH puede hacerlo (ONUSIDA et al., 2005c). De acuerdo con las estimaciones, durante el año 2003 sólo el 0,2% de los adultos de los países de ingresos bajos y medianos recibió servicios de asesoramiento y pruebas voluntarias del VIH (USAID et al., 2004). Sin duda, el examen anónimo es la forma preferida para realizarlo y conocer el resultado, pero ¿qué posición debemos asumir en relación con este proceder? Esta modalidad será un aspecto a abarcar en estudios epidemiológicos sobre la enfermedad, aunque indudablemente aumenta el número de personas que se realizarían la prueba en un ambiente más confidencial, favoreciendo la protección del individuo y su pareja sexual.
- Un número significativo de los encuestados reconoce la posibilidad de tener una relación sexual en la que hubiese podido quedar infectado por el VIH.
- Muchos jóvenes con pareja estable admitieron haber tenido relaciones sexuales de riesgo.
- La relación sexual sin protección es la forma más probable de quedar infectado.
- Existe un grupo de jóvenes que prefiere no conocer si ha sido infectado.
- De forma casi absoluta los participantes prefieren la confidencialidad del resultado.
1. Luchar por mejorar el diagnóstico epidemiológico de la situación del VIH/SIDA, para así tener una mejor idea de la magnitud de esta epidemia en la Republica Bolivariana de Venezuela.
2. Realizar un análisis el impacto económico del SIDA en Venezuela para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento que tengan una óptima relación costo-beneficio.
3. Permanecer vigilantes para que los derechos humanos de las personas con VIH/SIDA sean respetados, incluyendo el derecho a la salud, que no significa estar saludables, sino la atención adecuada y oportuna al paciente enfermo.
Por la importancia de la investigación que estamos realizando, le pedimos, por favor, la mayor sinceridad posible al contestar las preguntas del siguiente cuestionario.
I-Edad: _____ Sexo:_____ Ocupación:_____
Grado de escolaridad:
-Primaria____
-Primaria sin terminar_____
-Bachillerato_____
-Bachillerato sin terminar____
-Universidad____
II-Sobre su situación marital en este momento responda:
¿Tiene pareja estable?
Sí______ No_____
III-¿Considera que ha tenido alguna relación en la que haya estado en riesgo de enfermar de SIDA u otra enfermedad de trasmisión sexual?
Sí____ No_____
IV-De acuerdo con las vías para adquirir el virus del SIDA, marque con una X a cuáles de éstas se ha expuesto usted:
Parenteral (inyecciones)______
Rotura del condón ______
Contacto con
Seropositivos (pacientes enfermos)______
Mismo sexo (relación Homosexual)_____
Sin protección (sin condón)______
V-Luego de haber tenido una relación sexual que podría ponerlo en riesgo de enfermar de SIDA, ¿estaría usted en disposición de realizarse las pruebas de laboratorio para confirmar si fue infectado?
Sí_____ No______
VI- Si estuviera de acuerdo con realizarse los exámenes de laboratorio, ¿a quiénes preferiría usted dar a conocer su situación actual? Marque con una X.
Anónimo_____
Familia______
Servicios médicos_____
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