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Ingeniería del comportamiento: un enfoque tecnológico para potenciar la práctica psicológica
William Montgomery Urday
Trabajo publicado el 10 de octubre de 2006
Resumen
Palabras claves: Palabras claves: Ingeniería del comportamiento, conducta, práctica psicológica, tecnología.
Introducción
A menudo, tanto los estudiantes de los últimos ciclos como los egresados de la carrera profesional de psicología, al momento de verse ante la necesidad de resolver problemas prácticos, se pregunta: "¿qué puedo hacer ahora?" Y es que, tras años de ardua dedicación al estudio y ejercitación en diversos métodos y técnicas de variopinta procedencia teórica, lo que no tienen claro es cómo organizar sus datos bajo una concepción coherente de descripción de los mismos, evaluación, diagnóstico y selección de intervenciones efectivas.
Algunos pueden conformarse con seguir el patrón ecléctico de aplicar lo primero que tengan a mano, o bien, valerse de las "recetas de moda" que abundan en algunos de los llamados "talleres", "seminarios" u otros eventos supuestamente informativos acerca de procedimientos novedosos. Aquellos que de alguna manera lograron "internalizar" un marco de referencia teórica tienen ventaja sobre los desorientados a ese respecto. Pero es conveniente señalar que no todos los "marcos de referencia" son adecuados para resolver los problemas con cierta predicción de efectividad. En ciertos casos abundan el lenguaje oscuro, la confusión de ideas y el mal uso conceptual típicos de la mixtificación de la ciencia (Fernández, 2001), lo que repercute en una mala práctica. Por algo la American Psychological Association (APA) organizó grupos de trabajo para la investigación y redacción de un documento que fundamentara cuáles de los procedimientos psicológicos actuales (a nivel clínico) tienen suficiente evidencia empírica como para ser recomendados oficialmente (Chambless & Ollendick, 2001). La determinación de dicha evidencia es importante, dada la alta incidencia de intervenciones pseudopsicológicas "alternativas" basadas en creencias espontáneas (Alvarez Gilez, 2005), y de métodos que, si bien gozan de cierto prestigio histórico, cuando se les somete a verificación estadística se averigua que no tienen más fiabilidad en sus resultados que el que suele tener un efecto placebo (Eysenck, 1994). Hay también marcos abstractos abundantes en retórica humanista, que no llevan a nada más que a conceptuar los problemas de manera superficial, sin correlato práctico. Todo ello, ciertamente, no favorece la definición de los mecanismos moleculares por los cuales se originan y funcionan los repertorios molares de conducta (por ejemplo, la creatividad, la autoestima, las actitudes, el pensamiento operatorio, etc.) y, por tanto, tampoco la adopción/articulación de estrategias objetivas para efectuar cambios verificables en ellos. Frente a ese panorama, la Ingeniería del Comportamiento es una opción a tener en cuenta. Este enfoque tecnológico proviene, en sus aspectos básicos, del análisis experimental del comportamiento (variantes radical y metodológica), por lo que tiene sólidos y comprobables fundamentos empíricos (las leyes de la conducta), además de contar con enorme evidencia de su efectividad práctica. Es un hecho que la mayoría de los tratamientos psicológicos señalados y recomendados por la APA se encuentran en el terreno comportamental. La lógica subyacente a esta postura, desde el punto de vista aquí mantenido, es muy sencilla y se puede exponer en tres tesis, a saber (Montgomery, 1997): 1. En el transcurso de su historia de aprendizaje, el individuo adquiere aptitudes y destrezas de todo tipo -pueden llamarse lingüístico-cognoscitivas, emotivo-motivacionales y sensorial-motoras, de acuerdo con la clasificación de Staats (1996/1997) -, que conforman constelaciones complejas, las cuales son realidades conductuales molares, no constructos metafísicos. 2. Toda realidad conductual molar puede estudiarse molecularmente en sus componentes discretos y sus interconexiones, siguiendo las transiciones operadas en su ocurrir mediante el análisis de los procesos constituyentes. 3. Cuando los fenómenos psicológicos son analizados de esa manera, se constata que están compuestos de multitud de repertorios interrelacionados entre sí (variables organísmicas), pero siempre en conexión con variables situacionales con las que mantienen influencias recíprocas. Como se ve, los mecanismos de aprendizaje y de interacción con un entorno son centrales para esta perspectiva. Los trastornos (déficit, excesos e inadecuaciones) del comportamiento están sujetos, en cualquiera de sus niveles, al influjo de las leyes de adquisición de sus componentes y, por lo tanto, pueden modificarse aplicando los principios respectivos mediante procedimientos cuidadosamente diseñados para ello, sea de manera aislada o en combinación. Esto potencia extraordinariamente la práctica psicológica. En las páginas siguientes se reseñarán las pautas principales del enfoque en cuestión, sus formas genéricas de evaluación y sus áreas de aplicación.
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