Introducción
Durante mucho tiempo la adolescencia se consideró solo un tránsito entre la infancia y la adultez, pero hoy existen motivos suficientes para considerarla como una etapa dentro del proceso de desarrollo del ser humano y exclusivo de nuestra especie (1).
Según la OMS, la adolescencia transcurre en el segundo decenio de la vida, desde los 10 hasta los 19 años, y se define este período como una época en que el individuo progresa desde la aparición inicial de las características sexuales secundarias hasta la madurez sexual (1, 2).
La adolescencia es, a su vez, el momento de más rápido y completo aprendizaje del individuo, pues tiene que aprender en un breve lapso de tiempo, que sólo dura 9 años, todos los aspectos relacionados con el rol de adulto, además de adaptarse en el dominio de los instintos y necesidades, en el manejo de sus dimensiones corporales y posibilidades funcionales que se adquieren a través de los cambios morfofuncionales de la pubertad (3-5).
Como período crítico del desarrollo, es rico en potencialidades de cambio y transformaciones, lo que motiva el interés de diferentes sectores de la sociedad que tienen claridad en comprender que la generación de adolescentes de hoy representa al adulto del mañana (1).
En la sociedad moderna, la población de adolescente ha alcanzado una cifra relevante, casi la cuarta parte de la población mundial (1,6) y a pesar de que existen grandes diferencias entre los adolescentes de distintas regiones del mundo, por las influencias culturales y socioeconómicas a los que están sometidos, puede hacerse una caracterización general de esta etapa (1).
Los jóvenes experimentan cambios físicos, psicológicos y sociales: aparece el desarrollo de los genitales y caracteres sexuales secundarios, esto genera incertidumbre en los adolescentes sobre su nueva apariencia física. Es una nueva fase de gran curiosidad sexual, en la que hay una búsqueda de autonomía e independencia con dificultades para controlar los nuevos impulsos, juzgando a los padres como incapaces para comprenderlos; sin embargo, sienten la necesidad de su apoyo emocional y físico. Suelen aparecer sentimientos de soledad y la necesidad de establecer un vínculo afectivo fuerte con otros adolescentes. Los comportamientos reciben gran influencia de las normas de conducta del grupo, trayendo esto conflictos con los padres (1, 6).
La necesidad de ser aceptados en el grupo se convierte en una de sus más fuertes motivaciones. El intercambio de las nuevas vivencias emocionales los hace sentirse comprendidos y aceptados en un grupo donde el aprendizaje es permanente. Por eso resulta de vital importancia para los adultos conocer las características del grupo, las de sus líderes, sus normas y valores, ya que van a ejercer una influencia decisiva en el adolescente, que con seguridad las hará suyas (1, 6 - 9).
Los adolescentes tienen como características propias la falta de control de los impulsos, la ambivalencia emocional, los cambios emotivos y de la conducta; además, su maduración sexual, cada vez más temprana, los lleva a la búsqueda de las relaciones sexuales como inicio de su vida sexual activa. Estas características los condicionan a mantener comportamientos arriesgados y los expone a ser víctimas comunes de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), lo cual se agrava por la falta de conocimientos reales acerca de éstas (10).
El interés por el desarrollo y la salud reproductiva de los adolescentes aparece después de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos estados de Europa, al contar con una población muy joven empezaron a tener incertidumbre de elaborar estudios sobre factores que podían modificar la conducta sexual y reproductiva de los jóvenes adolescentes (11).
La salud reproductiva considerada como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no meramente como la ausencia de enfermedad o dolencias en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y procesos, para que las personas sean capaces de llevar una vida sexual segura y satisfactoria y tener acceso a métodos de regulación de la fecundidad seguros, efectivos, sostenibles y aceptables, surge como concepto en 1994, en las sesiones de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en el Cairo, aunque su gestación y evolución ocurrieron algún tiempo atrás (12, 13).
Aunque tradicionalmente la adolescencia se ha considerado como un grupo poblacional exento de problemas de salud, en este aspecto han ocurrido incidencias que constituyen alertas no sólo para el personal de la salud, sino también para padres y maestros, quienes pueden encontrarse en situaciones difíciles para prevenir tales incidencias (14,15).
La precocidad de la actividad sexual, el ambiente familiar inadecuado, la influencia del grupo social donde se desarrolla el adolescente, están relacionados con el actual aumento del riesgo de tener embarazos no deseados, abortos, partos, que en esta edad traen consecuencias adversas.16 También los adolescentes son víctimas de infecciones de transmisión sexual, a causa, entre otras razones, la falta de información, los sentimientos de vergüenza propios de su edad, y la actitud despreocupada con que practican su actividad sexual (17).
La relación sexual temprana, la inestabilidad en la pareja, el uso del aborto como método anticonceptivo, la práctica de un sexo no seguro y la promiscuidad pueden ser causas de muchos males (18, 19). Además, el embarazo en la adolescencia se ha considerado como un problema de salud en todo el mundo. Cada vez aumenta más el número de embarazos en esta etapa de la vida, tanto en países desarrollados como subdesarrollados (20).
En la adolescencia se produce un proceso de reestructuración, de cambios endocrinos y morfológicos como son la aparición de los caracteres sexuales secundarios, la transformación y el crecimiento de los genitales, la aparición de la menarquia en la niña y la eyaculación en el varón; además, surgen nuevas formas de relación con los adultos, nuevos intereses, nuevos valores, actividades de estudio, cambios en la conducta y en la actitud ante la vida (20-23).
Los adolescentes llegan a ser fértiles aproximadamente 6 ó 7 años antes de ser maduros emocionalmente, y crecen en una cultura donde los compañeros, la televisión, el cine y la música transmiten mensajes manifiestos a propósito de las relaciones sexuales que son muy comunes y aceptados (24).
El embarazo precoz, el embarazo en adolescentes, el embarazo no deseado al que el hombre no hace frente en muchos casos, considerando que "el haberse embarazado no es problema de él, es ella que no se cuidó", termina generalmente con un aborto que la familia ignora o apoya. Ahora, si se acepta el embarazo este significa la deserción escolar y la frustración al no poder continuar con los estudios; en otros casos el niño se convierte en el hijo de la abuela, quien lo atiende y lo cuida para que su hija pueda seguir adelante; la joven no vive ni disfruta la responsabilidad de madre ni lo que esto implica (1,18, 19,).
El aborto no es un método anticonceptivo y, por tanto, debe evitarse que se acepte como algo muy natural, sencillo e inocuo. El aborto puede traer como consecuencias posteriores lesiones en el cuello uterino, cáncer cervicouterino u otras complicaciones. Se llega a él con gran naturalidad; el desconocimiento y la falta de educación sexual hacen acudir a la joven confiada en las condiciones en que se produce en nuestro país. Irresponsablemente algunas jóvenes, "como no sienten nada y es tan rápido", abusan del mismo con frecuencia, aunque conocen que existen otras medidas para evitar el embarazo (18, 19, 25).
De otra parte, las ITS se observan en adolescentes que llevan una vida sexual promiscua o que resultan víctimas de una enfermedad contagiosa, en ocasiones contagiada por su propia pareja. Los jóvenes confían en que ellos no se van a enfermar, que su pareja es estable y a lo mejor hace una semana que la conocen y ya están haciendo vida sexual activa y además, como solo tienen relación sexual con esa persona, no hay riesgo. Consideran que el condón les impedirá sentir placer, limitará el disfrute de una sexualidad plena, "estorba" o sencillamente porque no le gusta a él, ella es incapaz de defender su criterio (18, 26).
En 1995 los adolescentes de 10 a 19 años representaron el 4 % del total de los casos reportados de SIDA en América Latina, y se considera que del total de casos diagnosticados entre los 20 y 24 años de edad, la mayoría contrajo el virus durante la adolescencia (27).
En el año 1996 Cuba tuvo la tasa general de SIDA más baja del Caribe (9) por cada millón de habitantes); no obstante, se observa un ascenso de esta entidad, y al igual que en otros países del mundo, la población adolescente y joven representa los protagonistas principales de esta enfermedad (27).
Las ITS abren las puertas al SIDA, amenaza de la humanidad. Hoy se conoce que tiene 6 veces mayores posibilidades de adquirir el SIDA quien posea el antecedente de una ITS. En Cuba, el grupo de 15 a 19 años es el segundo más afectado por las ITS, solamente superado por el grupo de jóvenes de 20 a 24 años, y es Ciudad de La Habana la provincia que reporta las cifras más altas de adolescentes y jóvenes afectados por estas enfermedades, así como una de las de mayor número de casos de infectados por VIH/SIDA (27).
Después del triunfo de nuestra Revolución cubana, en 1959, con el concepto de que hombres y mujeres deben luchar juntos en plenitud de igualdad para lograr una vida sana y feliz, se comienzan a considerar las relaciones sexuales como un problema social de interés para la pareja y de la familia, pues dan origen a un nuevo ser, y se comienza a valorar la sexualidad, no sólo en los aspectos reproductivos, sino considerándola como el conjunto de condiciones estructurales, fisiológicas, comportamentales y socioculturales que permiten el ejercicio de la función sexual humana (28).
La educación sexual es parte de la información integral del ser humano en los diversos aspectos que esta abarca y adquiere mayor significación dentro de la educación moral en su estrecha vinculación con la educación política ideológica (29, 30).
La educación sexual prepara a los jóvenes para el amor, el matrimonio y la familia; esta debe formar parte de la educación integral de la personalidad de cada individuo en nuestra sociedad, que incluye la adquisición de los conocimientos y habilidades que exige la vida familiar a cada ser humano para lograr su pleno desarrollo (31, 32).
La orientación sexual debe considerarse un trabajo perteneciente a la esfera de las acciones preventivas y en ese sentido se hace necesario llevarla a cabo en todos los grupos etáreos (16).
Hasta 1987, en nuestro país más de 21 mil adolescentes habían abandonado sus estudios como consecuencia de la falta de orientación sexual, y actualmente afrontan dificultades en el desarrollo de aspectos relacionados con esta esfera, lo que se evidencia en los siguientes aspectos: alta incidencia de embarazo en la adolescencia y del índice de fecundidad en la población femenina de menos de 19 años; gran incremento de los abortos, matrimonios, divorcios y separaciones de los individuos jóvenes, así como el abandono creciente de la escuela, y por supuesto, el incremento del número de casos de ITS y Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida (SIDA) (33).
En la actualidad, a pesar de los notables adelantos en los conocimientos médicos y el desarrollo de la atención primaria en nuestro medio, ha habido un incremento de las infecciones de transmisión sexual (ITS), principalmente en los jóvenes, y dentro de ellos, son los adolescentes el grupo etáreo más severamente afectado, no sólo biológica, sino también psíquica y socialmente (34,35).
En la Educación Sexual deben estar presentes dos aspectos básicos: la formación, que corresponde al hogar e incluye las actitudes, normas y valores acerca del sexo que contribuyan al propio bienestar y al de la sociedad, y la información sobre todo lo referido a la sexualidad, propiciada tanto formal como informalmente y que puede proceder de amigos, padres, maestros, médicos, libros, medios de comunicación masiva, etc (36).
El trabajo debe estar encaminado a capacitar a los jóvenes para dominar los problemas relacionados con la sexualidad, con el fin de evitar sentimientos de vergüenza o culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos que puedan inhibir la relación sexual o perturbar las relaciones o la respuesta sexual, así como protegerlos con la adecuada información contra los riesgos del desenfreno y la falta de responsabilidad y precaución, y contra el peligro de ser víctimas de delitos sexuales o de incurrir en ellos por desconocimiento (36).
Cuba cuenta con muchos especialistas de diversas profesiones interesados en el estudio de la sexualidad. Se aplican encuestas para dirigir con mayor efectividad los contenidos de las charlas y conferencias; se elaboran materiales audiovisuales, folletos, libros. En fin, se han utilizado diversas vías para educar y elevar la preparación de la población en relación con la sexualidad. Sin embargo, el impacto de esta labor se ha visto limitada debido a la metodología que en ocasiones se utiliza (31, 32). Por esta razón consideramos que el conocimiento sexual debe ser elaborado por la propia persona, en un espacio grupal, que le permita no solo apropiarse de valores, actitudes y conocimientos sobre la sexualidad, sino que además pueda trabajar las ansiedades miedos y resistencias que dicho aprendizaje moviliza (7).
El médico de la familia, en su trabajo con los Círculos de Adolescentes está en una situación privilegiada para indicar al adolescente la normalidad de las sensaciones y actividades sexuales en esta etapa de la vida y en años posteriores, y de esta forma contribuir a la formación cada vez más completa de los hombres y mujeres del mañana.
Al confeccionar el análisis de la situación de salud de nuestro consultorio, nos percatamos que existen factores comunes en los adolescentes que pueden ser controlados o modificados, mediante intervenciones de salud, ya que el trabajo educativo con ese joven sector de la población potencia a la sociedad para que sea más auténtica y saludable en cuanto a la vida sexual se refiere. Por este motivo, y por todo lo anteriormente expuesto, se realiza este trabajo con el fin de construir un futuro mejor.