|
|
Revista » Psicología Social y Comunitaria » ¿hombres violentos versus hombres que ejercen violencia?
¿Hombres violentos versus hombres que ejercen violencia?
Héctor Cerezo Huerta
Trabajo publicado el 10 de agosto de 2004
Introducción En la práctica clínica cotidiana con pacientes que viven violencia en sus múltiples manifestaciones, es común escuchar diversas interpretaciones sobre la presencia de hombres violentos, y estas van desde explicaciones irreverentes, justificantes, preenjuiciadas, devastadoras o descalificadoras que en poco ayudan a la comprensión y el tratamiento del problema, hasta propuestas más moderadas que recuperan dos variables indispensables para su comprensión: poder y género. La inclusión de estos elementos fortalece al espacio terapéutico, pues facilita el conocimiento del proceso de construcción de los géneros y su relación con las problemáticas emergentes de los vínculos abusivos, así se evita el serio riesgo de cometer errores terapéuticos que conduzcan a nuevas victimizaciones o posiciones rescatadoras de las y los involucrados. En primer termino, quiero hacer mención e insistir en la diferencia entre "hombres violentos" y "hombres que ejercen violencia". La primera categoría etiqueta y cataloga el problema como una cuestión del "ser masculino", de identidad y, por tanto. aparentemente ajeno a una responsabilidad propia. La segunda afirmación en cuanto a la insistencia de "hombres que ejercen violencia" supone una propuesta en la que se incluye la violencia como un proceso aprendido, no de la identidad, sino del "hacer", del comportamiento que como tal podría no ejercerse y que, además, supone responsabilidad y reaprendizaje. Las causas: una explicación fácil a un comportamiento complejo Históricamente, los estudios acerca de la condición femenina precedieron a los que hoy se ocupan de la condición masculina. Del mismo modo, los investigadores que comenzaron a interesarse en el tema de la violencia familiar se conectaron más rápidamente con el problema de las mujeres maltratadas. Sólo después se hizo evidente la necesidad de empezar a enfocar la problemática correlativa: los hombres violentos. Desde un punto de vista muy personal, el gran problema en la explicación del comportamiento de los hombres que ejercen violencia en nuestra practica terapéutica es la aparición y el reforzamiento de explicaciones tangenciales y tendenciosas a un fenómeno tan complejo, como por ejemplo, afirmar que los hombres que abusan de sus esposas tienen en común un pobre concepto de sí mismos; que se "desquitan" con la mujer porque la consideran "débil e inferior"; que este "tipo de hombres" se caracteriza por culpar a otros de sus actos; que son sumamente inseguros y manifiestan celos patológicos como consecuencia vinculada con sus propios antecedentes de violencia en la infancia. No conforme con ello, estas posturas acerca de los hombres que ejercen violencia continúan afirmando que muy probablemente sufrieron maltrato por parte del padre, de allí que por "naturaleza" hayan aprendido que la violencia es una forma efectiva de obtener "poder y control", sin que expliquen que muchos "hombres violentos" se proponen no reproducirlo, pero terminan haciéndolo. En síntesis, en esta postura se concibe a los hombres violentos como sujetos desnutridos emocionalmente. La mujer no es más que una víctima de un agresor psicológicamente enfermo y, por lo tanto, con una personalidad sádica o bien pasivo-agresiva, quizás hasta con características paranoicas o personalidades borderline. En definitiva, tipos cuadriculados dentro de un síndrome psiquiátrico. Para nuestra fortuna esta suposición ha quedado gradualmente desvirtuada con investigaciones mucho más específicas y transculturales, entre las que cabe mencionar a Corsi (1999), que permitieron dar un vuelco total en esta supuesta relación causal: no sólo la violencia conyugal no es el efecto de un trastorno psicopatológico sino más bien, es causante de psicopatología. Entonces, ¿cuál es la propuesta causal alternativa? La necesidad de subrayar como causa necesaria del hombre que ejerce violencia; la incorporación de modelos que sostienen la validez de la violencia para la resolución de conflictos. Es importante recordar que la violencia que definimos como intrafamiliar o doméstica no es manifestación secundaria de cuadros psicopatológicos, ni del alcoholismo, ni de la pobreza. Investigaciones llevadas a cabo en países como Canadá y Estados Unidos por Currie (1987), además de desmentir los prejuicios teóricos que oscurecían y dificultaban la comprensión del tema, contribuyeron a limitar la problemática de los hombres que utilizan formas abusivas de relacionarse en pareja. Hoy podemos afirmar que si además de violencia intrafamiliar se tiene un problema psicopatológico, de adicción o de daño social, en realidad se están teniendo dos problemas. Asimismo, cabe señalar que la agresión que refiere la violencia doméstica no es la proveniente de la legítima defensa que contemplan las leyes, sino la que se utiliza para instalar una jerarquía de poder de género en el interior de una relación afectiva. Esto nos lleva a reflexionar la suposición que el proceso de vivir es el problema; y las condiciones de vida son la escena y el escenario donde el proceso de la salud mental se desarrolla. Propongamos modelos descriptivos, no valorativos, en los que el hombre que ejerce violencia, si bien es cierto que presenta una tipología caracterológica más o menos clara y una doble fachada, es decir, no coincide su imagen pública con la privada, las manifestaciones y conductas violentas que presenta en el ámbito conyugal no se manifiestan en su vida social o laboral. (Shupe y Cols, 1987). Esto trajo aparejado durante mucho tiempo (todavía incide) que ante la denuncia de la mujer de su situación de víctima, se dudara de la veracidad de la misma ante lo simpático y agradable que era su marido socialmente. Sintéticamente Larrain (1994) propone la siguiente configuración emocional en los hombres que ejercen violencia: - Falta de seguridad personal. - Dificultades de la comunicación, en especial en lo referente a los afectos o sentimientos. - Incapacidad para tolerar y resolver conflictos. - Aislamiento emocional (aunque conozca a muchas personas, no tiene capacidad para relacionarse con tal grado de intimidad y privacidad como para poder comunicar sus sentimientos y problemas). - Baja autoestima. - Falta de conciencia del problema (no se hace responsable de sus actos violentos; sus esfuerzos giran sobre la justificación buscando las responsabilidades fuera de su persona: en su esposa, hijos, trabajo, alcohol). Violencia y masculinidad
Página 1 - Bibliografía
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
|
Revista Electrónica PsicologiaCientifica.com:
|
|