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Prevención en la infección por VIH/SIDA. Una opción por la vida.


 

Miriam Guillén Campos
Especialista de 1er grado de Medicina General Integral
Magíster en Enfermedades Infecciosas
Salud Pública - Barrio Adentro
Los Teques, Venezuela


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Trabajo publicado el 19 de abril de 2007

 



Resumen

 

 

 

Esta investigación se realizó en Guaicaipuro, Estado Miranda, Venezuela, y fue apoyada por el Ministerio de Educación Superior de la República de Cuba.

 

Se realizó un estudio descriptivo, transversal en 100 jóvenes de la comunidad Matica Arriba, del municipio Guaicaipuro, estado Miranda, en la República Bolivariana de Venezuela. Este estado es reconocido como de alta incidencia de infecciones de transmisión sexual y SIDA del país. El objetivo propuesto fue  conocer el estado de apreciación que los jóvenes tienen sobre algunos aspectos de la transmisión de las ITS y el SIDA. Para el análisis se tomaron en cuenta las siguientes variables: edad, sexo, ocupación, grado de escolaridad, posibilidad de contagio, forma de contagio, disposición a realizarse el examen para el diagnóstico de VIH, confidencialidad, razón por la que no se realizaría el examen, lugar donde se realizaría el examen, con pareja estable y sin pareja sexual estable. Como parte de los resultados se observó que un alto porcentaje de jóvenes reconoce la posibilidad de haber tenido una relación sexual en la que hubiese podido contraer el virus del SIDA y para quienes la relación sexual sin protección hubiese sido la forma más probable del contagio.


Palabras claves: VIH Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, transmisión, prevención, control, adolescente.

 

 

 

Introducción                                                               



El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) aparece por vez primera en la primavera de 1981 en los Ángeles, EE.UU, cuando el Dr. M. Gottlieb describe los cinco primeros casos en jóvenes homosexuales de sexo masculino.  Desde entonces el mundo ha visto la manera como esta enfermedad, que en un principio fue descrita solamente en países desarrollados, en hombres homosexuales y usuarios de drogas inyectables, se ha transformado en una pandemia que afecta a millones de hombres, mujeres y niños en todos los continentes.


Se reconocen, por lo menos, dos agentes productores del SIDA: el VIH-1 y el VIH-2.  El primero, que presenta una distribución mundial, es el responsable de la mayor parte de los casos conocidos y presenta una mayor virulencia; el segundo está circunscrito a la región occidental del continente africano, aunque también se ha identificado algunos enfermos en otras regiones del mundo.


Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante 1998 se infectaron con el VIH cerca de 6.000.000 de personas en el mundo (1). De los seropositivos para VIH/SIDA, 90 % vive en países subdesarrollados, en los que se ha producido 95 % de todas las defunciones causadas por el SIDA.      

                                                                                                                  
Los jóvenes se ven afectados de una forma desproporcionada por el VIH y el SIDA. Aproximadamente la mitad de las nuevas infecciones por el VIH se producen en personas de 15 a 24 años, período en que la mayor parte de las personas inician su vida sexual. En 1998 fueron casi 3.000.000 los jóvenes infectados por el virus, lo cual equivale a más de 5 hombres y mujeres cada minuto del día, todos los días del año.


En los 25 años que han transcurrido aproximadamente desde que el SIDA surgió como una emergencia importante de salud, la epidemia ha tenido efectos graves,  en muchos lugares incluso devastadores, sobre el desarrollo humano. En algunos países el SIDA ha  socavando los progresos realizados hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en especial los que se relacionan con la reducción de la pobreza, el acceso universal a la educación  primaria, la  promoción de la igualdad entre los sexos, la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la salud materna (IIVS, 2005; UNFPA, 2003).


El futuro de la epidemia de VIH está en manos de los jóvenes, porque los comportamientos que adopten ahora y los que mantengan durante toda su vida sexual determinarán la evolución de la epidemia en las próximas décadas. Continuarán aprendiendo unos de otros, pero su comportamiento dependerá, en gran parte, de la información, los conocimientos y los servicios con los que la generación actual de adultos dote a sus hijos.



La adolescencia es un período en el que muchas personas experimentan, no solo con diferentes formas de relación sexual, sino también con las drogas. Aparte del riesgo asociado al uso compartido de agujas, se sabe que el alcohol y las drogas psicoactivas pueden influir también en el comportamiento sexual y aumentar el riesgo de que una persona contraiga la infección por el VIH u otra infección por transmisión sexual (ITS). El consumo excesivo de alcohol reduce las inhibiciones, aumenta la agresión, reduce la capacidad de uso de la información importante aprendida acerca de la prevención del SIDA y deteriora la capacidad de tomar decisiones respecto a la protección.

 

La vía más importante de transmisión del VIH en el mundo es la sexual, tanto en relaciones homosexuales como heterosexuales. En general, el riesgo de transmisión sexual depende de la prevalencia de la infección en la población sexualmente activa.




El progreso de la enfermedad del VIH/SIDA está coligado con las discrepancias sociales unidas a disímiles actitudes culturales que imperan en nuestros países. La epidemia también se aúna a discordancias de orden social debido a que la prevalencia del VIH y la incidencia del SIDA son superiores en áreas donde la población le concierne a estratos socioeconómicos menores (1, 2, 3). Las disconformidades de género son otro aspecto de las distinciones mancomunadas con la epidemia, puesto que es un componente importante en las posibilidades de alcanzar niveles socioeconómicos de mejor o peor prerrogativa (4,5).


En prácticamente todos los países del mundo se han producido nuevas infecciones desde 1998 y son muchos los lugares en los que la epidemia se manifiesta de manera incontrolada. En la actualidad, más del 95% de las personas infectadas por el VIH vive en el mundo en desarrollo, y es en estos países en los que se ha producido el 95% de todas las defunciones causadas por el SIDA hasta la fecha, sobre todo en adultos jóvenes que, en condiciones normales, se encontrarían en los años de máxima actividad productiva y reproductiva. Las múltiples repercusiones de estos fallecimientos están alcanzando proporciones de crisis en algunas partes del mundo.


Sea cual sea el patrón de medida utilizado (deterioro de la supervivencia infantil, descenso de la esperanza de vida, sobrecarga de los sistemas de asistencia sanitaria, aumento de la orfandad o reducción de los beneficios empresariales), nunca hasta ahora había planteado el SIDA una amenaza tan grande para el desarrollo.


El programa de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) decidió, junto con sus copatrocinadores y asociados (1998), centrar  la Campaña Mundial del SIDA en los jóvenes. En algunas partes del mundo la proporción de la población adulta total que vive con el VIH/SIDA se ha estabilizado o ha empezado a disminuir, pero esa buena noticia puede estar ocultando una verdad desagradable: los casos nuevos de infección en los grupos de edad más jóvenes siguen, tal vez, sin reducirse o aumentan incluso paralelamente a la disminución de la proporción global de gente que vive con el VIH/SIDA. Entre las razones principales figuró que más del 50% de las nuevas infecciones por VIH/SIDA se produjeron en jóvenes del grupo de edad de 10 a24 años (6).


La epidemia ha tenido consecuencias importantes en la población adolescente y joven, al considerarse que en América Latina y el Caribe la mitad de todas las recientes infecciones se ostentaban en individuos menores de 25 años de edad y que la generalidad se contagiaba por la ruta sexual. (7,8) En México, del total de casos reportados en el período 1993 - 1997, el 1.6% se ubicó en el grupo de los adolescentes (15 a 19 años de edad) y cuya característica particular es que preponderaba la vía de transmisión sexual. Este aspecto está fuertemente ligado a la prevalencia del 30% que se presentó en el grupo de 20 a 29 años, por el período de latencia que asciende entre dos y 11 años. Y más recientemente, en 2002, la Secretaría de Salud reportó que la mortalidad por VIH/SIDA  en adolescentes de 15 a 19 años de edad representó el 0.65% durante este período (9, 10,11).


Los jóvenes y adolescentes son especialmente vulnerables a la infección por el VIH, ya que se encuentran en un período de transición en el que ya no son niños, pero no han llegado a la edad adulta; su desarrollo social, emocional y psicológico es incompleto y tienden a experimentar con formas peligrosas de comportamiento, a menudo sin darse cuenta de ello (12).


Por otra parte, la mayoría de personas jóvenes tiene solo un conocimiento limitado sobre el  VIH/SIDA, en gran parte porque la sociedad no le facilita la obtención de información. Con frecuencia las políticas sociales ponen de manifiesto la intolerancia y la discriminación contra la juventud, como cuando limitan el acceso a la información sobre la salud y al cuidado de ésta. (13). Las respuestas de la salud pública a las necesidades de este grupo poblacional suelen ser contradictorias y llevar a la confusión. Asimismo, las normas y expectativas sociales, junto con la opinión de los jóvenes, influyen poderosamente en su comportamiento, generalmente de manera tal que contribuyen a aumentar los riesgos para la salud.


En la adolescencia se tiene un patrón de comportamiento impredecible, falta el discernimiento que viene con la edad, por lo común no se aprecian las consecuencias adversas de sus actos (18). Para los jóvenes, los riesgos de presentar el VIH/SIDA puede ser difícil de comprender. Como el VIH/SIDA tiene un largo período de incubación, el comportamiento arriesgado no tiene inmediatamente consecuencias manifiestas. Al mismo tiempo, para una persona joven los costos sociales de prevenir la infección por VIH/SIDA, inclusive la pérdida de la relación, la pérdida de confianza y la pérdida de aceptación por parte de los compañeros, puede ser un precio demasiado alto que pagar. Además, muchos jóvenes no están enterados de lo que se entiende por comportamiento sexual arriesgado. Aún si reconocen el riesgo de contraer el VIH/SIDA e incluso, muchos creen que ellos mismos son invulnerables. En estudios realizados en estudiantes, solo un 26% de estos, varones entrevistados, se consideraba en alto riesgo de contraer el VIH/SIDA, mientras que el 48% pensaba que sus amigos estaban en alto riesgo (19).


Muchos adolescentes experimentan con tipos de conductas arriesgados, sin darse cuenta de las posibles consecuencias adversas. Estos hallazgos ponen de manifiesto el sentido distorsionado de invulnerabilidad al VIH/SIDA de muchos jóvenes. Esta manera de sentir lleva a que estas personas  ignoren el riesgo de infección y por lo tanto a que no tomen precauciones.


La madurez cognoscitiva parece estar relacionada con el comportamiento sexual mas libre de riesgo, por ejemplo, las mujeres jóvenes con preparación académica superior tienen más probabilidad de usar anticonceptivos (19). En ciertos lugares donde la prevalencia de VIH/SIDA es alta, algunas personas jóvenes no se consideran en riesgo, mientras que otros han dicho que si se infectaran, serían otros los responsables y no ellos. Algunos jóvenes hasta ponen en duda la existencia del VIH/SIDA (20).


En los Estados Unidos, investigadores encontraron que los adolescentes infectados por el VIH/SIDA tenían la probabilidad dos veces mayor que los adultos infectados de adoptar un comportamiento de alto riesgo como práctica de relaciones sexuales sin protección y compartir con otros la agujas para inyectarse drogas (21). La sexualidad produce en muchos jóvenes ansiedad y turbación, en parte porque es común que la sociedad misma reaccione de esta manera ante el tema. Aun los jóvenes que saben cómo protegerse contra el VIH/SIDA suelen carecer de las aptitudes para hacerlo; la ansiedad y la aprensión impiden, a menudo, que los jóvenes utilicen condones, porque para ello se requiere el conocimiento y cooperación de la pareja.


Algunos jóvenes, y especialmente las mujeres, corren riesgo de contraer VIH/SIDA por tener un sentido de inferioridad o por sentirse incómodos (as) con su sexualidad. A menudo no creen que puedan controlar su comportamiento sexual o anticonceptivo. Niegan que necesiten anticonceptivos o exageran la dificultad de obtenerlos; asimismo, los adolescentes que niegan el riesgo personal que corren de contraer el  VIH/SIDA pueden ignorar los mensajes de prevención, descartar su importancia o pensar que ellos no son los responsables de la protección. Hoy se reconoce el papel fundamental que juega la comunicación en la adolescencia, principalmente con los padres y amigos, ya que ésta influye en la formación y en la modificación  de las actitudes y conductas de los jóvenes (22, 23).


En su mayoría, los jóvenes adolescentes son considerablemente sensibles, especialmente en lo que respecta a la opinión de sus iguales. La percepción de lo que piensan los compañeros tiene, por lo común, mayor influencia en el comportamiento sexual o en cualquier otro tipo de comportamiento arriesgado, comparado con las opiniones de los padres y otros adultos. De tal forma que se ha observado en estudios que  los jóvenes prefieren hablar con sus amigos sobre el VIH/SIDA, otros recurren a sus maestros y un gran grupo prefiere no hablar sobre este tema. Cabe destacar que solo pequeños grupos conversa del tema con sus padres (24).


Como inicio, un aspecto atrayente de descubrir en la percepción de los adolescentes es que no surge una misma argumentación acerca de lo que se concibe como sexualidad, no obstante, la mayoría de los jóvenes concuerda llanamente en que la palabra sexualidad se vincula con relaciones sexuales. Por el contrario, es poco frecuente el surgimiento de alguna expresión que vaya a razonar la sexualidad desde un marco más extenso e completo (26).


Asimismo, las prácticas sexuales en los adolescentes, las particularidades de éstas y la experiencia de la sexualidad sólo son aceptables de ser ilustradas por ellos, al hacer aludidas a otros jóvenes. Lo anterior evidencia que las relaciones sexuales en nuestras culturas, especialmente en lo correspondiente a los jóvenes, más aún si son mujeres, son una cuestión tabú, vigorosamente afín a la crítica, la intimidación, al reproche y el sigilo. Por otra parte, cuando se hace referencia al hablar acerca del amor, el afecto y lo afectivo que sienten respecto a otra persona, esos sentimientos son valorados en referencia a la relación de pareja. (27). Así, es viable concebir una barrera sobre la sexualidad, la cual está emparentada con la vida íntima, que emerge encubierta y, de alguna manera, fraguada en las experiencias de otros adolescentes, lo que repercute en una situación menos amenazante al hablar respecto de lo que ellos hacen o no hacen y que implica evitar comprometerse personalmente con el tema.


En cuanto a la percepción de riesgo de contraer el virus VIH, se observan dos perspectivas que parecen vincularse. Una de ellas sustenta que esto puede acontecerle a toda persona en cualquier momento; la otra es el pensamiento de que es poco probable que les ocurra a ellos mismos. En este sentido, ambas argumentaciones se polarizan (28). Dos terceras partes de las personas que padecen de infecciones por transmisión sexual se vieron infectadas antes de cumplir 25 años. Los jóvenes adultos son los grupos que mayor riesgo corren de adquirir una infección por transmisión sexual, por un buen número de razones: es más probable que tengan relaciones sexuales sin protección alguna y sus compañeros/as corren mayor riesgo de contraer infecciones. 

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Amy de Argentina: Muy bueno. EL artículo Dice una verdad tan cruda, que lamentablemente la mayoría de los jóvenes desconoce, particularmente los adolescentes. Sería muy bueno que este tipo de información s e hiciera llegar a los distintos establecimientos escolares para que los chicos aprendan y se den cuenta que son tan vulnerables como cualquiera de contraer la infección o cualquier otra ITS, porque no sólo se trata de grupos de riesgo, sino que se trata de conductas de riesgo. Por mi parte me encantaría poder organizar un grupo, e ir por las escuelas dando charlas sobre conductas irresponsables o conductas de riesgo y la falta de conocimiento, que, desde mi punto de vista y como bien se manifiesta en el artículo, es lo que más influye en la infección entre los jóvenes ya que no toman conciencia y actúan s in medir consecuencias. Por ello veo que el texto nos hace entender que es necesario trabajar principalmente sobre ese punto en nuestros jóvenes y hacerles ver y tomar conciencia de que a ellos también les puede pasar.

 

gregory: Sigan apoyando e instruyendo a la población todos merecemos una segunda oportunidad a la vida los felicito de corazón adelante ....

 

YILBERT: Ojala hubiese tenido esta información hace un mes, tal vez no estaría infectado, por favor a todas las personas y jóvenes sobre todo...usen siempre protección.

 

MAYERLY SANTIAGO: Impresionante este artículo, es muy valorativo y educativo..simplemente impresionante...

 

angel lanes: El artículo es muy bueno y educativo.

 

milrna rosensvaig celis: Muy bueno. Trabajo con pacientes VIH y recomendaría revisar este artículo. En nuestro medio la población en edad más vulnerable es de 17 a 40 años, en comparación con la edad especificada de 15 a 24; hay un gran margen diferencial.

 

Ferres Daniel Gustavo: Simplemente, gracias por trabajar en el campo social en pro de ganarle a una enfermedad tan cruel.

 

fabian axel estudillo herrera: Mis respetos, es el mejor artículo que he leído en mi vida. Sigan apoyando así a estas grandes personas con discapacidad.

 

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