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Evaluación de estrategias atencionales en alumnos sordos
Mariana Andrea Carrada
Trabajo publicado el 19 de noviembre de 2007
Resumen
Introducción En nuestro medio, los factores de riesgo más significativos de retraso y fracaso escolar son las conductas problema (agresividad - impulsividad) y las disfunciones atencionales en la infancia (Ison, 2001a; 2001b), las cuales afectan la calidad de las relaciones interpersonales, la percepción de autoeficacia, la motivación para las tareas escolares, la memoria de trabajo y la regulación de las emociones, entre otros aspectos (García Pérez y Magaz, 2003). El proceso atencional en alumnos sordos es un tema poco investigado y la bibliografía existente es escasa. En general, diversos autores, tales como Fernández Viader (1996) Marchesi (1994) y Skliar (1997) sostienen que si bien el oído es, sin lugar a dudas, un sentido que nos da relación de distancia, comunicación y sociabilidad, ya que nos permite estar informados de la realidad que nos circunda, es un sentido de supervivencia y, sin ninguna duda, es el sentido de alerta. La persona oyente, pese a estar absorto en una actividad determinada, está recibiendo a través de la audición información de los cambios que se producen a su alrededor (captación de fondo). La persona sorda no dispone de esta fuente de información, por esto interrumpe su actividad para controlar en forma visual el ambiente, está pendiente de todos los estímulos que están a su alrededor como una forma de estar en contacto con el medio. En el aula, el niño sordo presenta la misma conducta y se lo considera con problemas de atención, aunque como cualquier niño también los puede presentar, pero no es lo más frecuente (Fernández Viader, 1996; Marchesi, 1994; Skliar, 1997). En la actualidad se puede hablar de respuestas de atención y de conducta atencional como comportamientos voluntarios susceptibles de ser adquiridos y consolidados. El desarrollo de la neuropsicología ha incrementado los conocimientos sobre la atención, además de considerarse desde el punto de vista clínico y educacional de gran interés la evaluación de las capacidades o destrezas atencionales como moduladoras o explicativas de los aprendizajes de niños y adultos (Ison, M., Morelato, G., Casals, G., Maddio, S., Carrada, M., Esposito, A., Greco, C. y Arrigoni, F., 2005). En el presente trabajo se parte de considerar la atención como un mecanismo y no como un proceso, ya que ésta no puede existir aislada e independiente del proceso perceptivo, del proceso mnémico, del proceso de aprendizaje o del proceso motivacional, con los cuales les une un vínculo indisoluble (Ison, M., Morelato, G., Casals, G., Maddio, S., Carrada, M., Esposito, A., Greco, C. y Arrigoni, F., 2005). Tudela (1992) define la atención como un mecanismo central de capacidad limitada cuya función primordial es controlar y orientar la actividad consciente del organismo de acuerdo con un objetivo determinado. En la misma línea de pensamiento, Posner y Petersen (1990) sostienen que la atención es un mecanismo múltiple de naturaleza modular que consta de diferentes submecanismos que se hallan coordinados entre sí y controlados por diferentes zonas cerebrales. Estos submecanismos estarían implicados en la selección del foco atencional (atención focalizada), su mantenimiento durante un tiempo determinado (atención sostenida) y en el movimiento del foco atencional desde el objetivo hasta el nuevo punto de fijación (alternancia atencional). Esta intrincada naturaleza y organización del mecanismo atencional iría encaminada a conseguir un control de la cognición y la acción del organismo, sobre todo ante situaciones novedosas y ante situaciones que requieren de actividades cuidadosamente planificadas (Roselló i Mir, 1998). Una disfunción en cualquiera de estos submecanismos puede dar lugar a la aparición de un déficit atencional. Este defecto en la atención no supone una alteración en el contacto con la realidad, sino más bien una disfunción en la duración, intensidad y elección de dicho contacto. Obviamente, una disfunción en el mecanismo atencional repercute - en mayor o menor grado - sobre la capacidad de aprendizaje y en las pautas de comportamiento (Stevens, 1997). Para que los mecanismos atencionales se pongan en marcha es necesario utilizar determinadas estrategias que reciben el nombre de estrategias atencionales (López Soler y García Sevilla, 1997). Las estrategias atencionales no son innatas, sino que se aprenden y desarrollan en la interacción con el ambiente. Es importante considerar que es posible desarrollar estrategias encaminadas a mejorar el funcionamiento de los distintos mecanismos de atención y funciones neurocognitivas, y ello puede lograrse a través de la práctica. Este es el fundamento de los programas de intervención para el desarrollo de la capacidad atencional y las funciones ejecutivas en niños con déficits en los mecanismos reguladores de la atención (Ison, M., Morelato, G., Casals, G., Maddio, S., Carrada, M., Esposito, A., Greco, C. y Arrigoni, F., 2005). Para evaluar estos mecanismos atencionales en los alumnos sordos, se establecieron dos objetivos de trabajo: el primero consistió en evaluar los mecanismos de focalización y sostenimiento atencional en alumnos sordos; el segundo consistió en promover el aumento de habilidades atencionales en los alumnos sordos por medio de la aplicación de un programa de entrenamiento en estrategias atencionales.
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