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La adaptación de programas: aspectos metodológicos, socioculturales y cognitivos
Dennise Fonseca Lago
Trabajo publicado el 04 de febrero de 2008
Resumen
Introducción La gran diversidad cultural de la población de los países en desarrollo no ha sido congruente con los servicios y recursos disponibles para los distintos grupos étnicos. El creciente desarrollo de tratamientos, programas, servicios y currículos de intervención psicológica debe formar parte del cúmulo de recursos al cual tengan acceso los diversos grupos poblacionales, con el fin de que puedan beneficiarse de los mismos. En el caso de Estados Unidos, se ha reseñado que las minorías étnicas no están siendo representadas en los estudios de efectividad de las intervenciones psicológicas (Miranda, Bernal, Lau, Kohn, Hwang y LaFromboise, 2005). Conjuntamente, son pocos los estudios que han probado la efectividad de intervenciones que incorporen la cultura y la etnicidad y su relación, como variables mediadoras y moderadoras, con el resultado hacia las cuales están dirigidas (Bernal, 2006). El contexto, las normas y los valores culturales de las poblaciones o grupos a los cuales estén dirigidos los programas deben formar parte de éstos, ya que la cultura afecta y media la conducta que, según los objetivos de los programas, se va a querer prevenir o modificar (Bernal y Sáez-Santiago, 2006). El reto está entonces en desarrollar intervenciones basadas en la evidencia y que sean culturalmente sensitivas (Bernal y Sáez-Santiago, 2006) con el fin de que tengan un impacto positivo y a largo plazo en los participantes, fomentando los valores culturales que facilitan el cambio y redefiniendo aquellos que son barreras para éste (Villaruel, Jemmott y Jemmott, 2005). La adaptación cultural de programas de intervención basados en la evidencia es una estrategia que puede ser utilizada por investigadores con el fin de utilizar recursos ya existentes para satisfacer necesidades de grupos culturalmente diversos. La adaptación de programas permite que sectores poblacionales tengan más recursos para atender ciertas situaciones sociales (Malow, Jean-Gilles, Devieux, Rosenberg y Russell, 2004). El Department of Health and Human Services (DHHS, 2001) define un programa como una intervención manualizada o desarrollada a través de un currículo. Los programas basados en la evidencia son programas guiados por la teoría que tienen actividades relacionadas con los supuestos de la teoría y han sido implementados y evaluados en escenarios no controlados (DHHS, 2001). En universidades y centros de investigación se han evaluado la efectividad de diversos programas que tras un proceso de adaptación pueden ser utilizados por otros sectores, para quienes desarrollar y validar científicamente un programa autogestionado sería una tarea muy cuesta arriba debido a la falta de recursos. Demostrar la efectividad de programas de intervención es un proyecto que requiere una cantidad y calidad considerable de capital humano, financiero y físico o tecnológico. Lograr este objetivo requiere de estudios previos que toman muchos años y un conocimiento vasto en metodología de investigación. La falta de recursos disponibles en muchas regiones, países y sectores poblaciones imposibilita el desarrollo de programas autóctonos que respondan a la realidad de los participantes que puedan ser comprobados como efectivos desde un punto de vista científico. A partir de este panorama Devieux Malow, Jean-Gilles, Samuels, Deschamps, Ascencio, Jean-Baptiste y Pape (2004) señalan que es necesario adaptar intervenciones efectivas de países desarrollados a países en desarrollo para disminuir la brecha de la desigualdad en asuntos relacionados a la salud. Coates y Szekeres (2004) reconocen esta situación al proponer la movilización de personas en países desarrollados para que colaboren mediante servicios e investigación en países en desarrollo como uno de las siete áreas a considerar para la formulación de investigación a nivel estructural y relacionado a la política pública relacionada al VIH/SIDA. El campo de la psicología social-comunitaria establece un compromiso ético y valorativo con el trabajo que se propone (Serrano-García, López y Rivera Medina, 1992). Se debe mencionar que los programas deben promover la transformación desde las aspiraciones, los deseos y las necesidades de la comunidad (Montero, 2005). Con este planteamiento como eje de un trabajo de adaptación de programas es importante señalar que el mismo debe responder a la vida cotidiana y construcciones sociales de los grupos hacia los cuales se dirige el mismo. Montero (2005) señala lo siguiente como uno de los principios de los actores sociales comprometidos en el trabajo comunitario la consideración de que los participantes son actores sociales, constructores de realidad, por lo tanto, con capacidad de decisión, de acción y de transformación de su vida cotidiana y de su entorno. Para el primero de los principios mencionados, los valores de base son la construcción de conocimiento ligada a la vida, la igualdad y el carácter activo, transformador, creador, de los seres humanos (p.155). Los trabajos de adaptación de programa deben partir desde las normas sociales y creencias normativas (Ortiz-Torres, 1999) de los grupos para poder lograr una verdadera transformación y cuestionamiento sobre aspectos naturalizados relacionados a la vida cotidiana (Montero, 2005). Por otro lado, es también una meta de este trabajo retomar el principio de distribución equitativa y promoción de acceso a recursos que promulga la psicología social-comunitaria, proponiendo los programas efectivos como un recurso que debe ser compartido y adaptado, de manera tal que responda a las situaciones de vida de otros grupos. Con el propósito de llevar a cabo un proyecto de adaptación de programas que cumpla con los requisitos antes mencionados, se han identificado factores metodológicos, socio-culturales y cognitivos que deben considerarse al llevar a cabo la adaptación de un programa. Los objetivos específicos de este artículo son: 1) establecer los debates conceptuales relacionados a la adaptación de programas; 2) desarrollar una propuesta metodológica para la adaptación de programas; 3) enfatizar la importancia de integrar factores socio-culturales en la adaptación de programas y (4) considerar algunos factores cognitivos relevantes en el trabajo de adaptación de programas. Debates conceptuales relacionados con la adaptación de programas Al trabajar asuntos relacionados con la adaptación de programas, el primer debate que debe exponerse tiene que ver con los supuestos tras la decisión de llevar a cabo una implementación de un programa de manera fiel o adaptada; estos son los conceptos de etic y emic. El concepto de etic remite al interés de evaluar "normas universales", analizando el fenómeno bajo estudio de manera independiente al contexto cultural con el fin de comparar fenómenos similares a través de diferentes contextos culturales. Por otro lado, se entiende por emic el interés de evaluar "normas del grupo", evaluando los fenómenos desde las cultura y su contexto, con el objetivo de entender su significado y su interrelación con otros elementos de la cultura (Bernal, Bonillo y Bellido, 1995). Desde la divergencia entre estos supuestos teóricos se sostiene la tensión entre implementar los programas de manera fiel o adaptar los mismos. Por fidelidad nos referimos a la adherencia al programa, por ejemplo, eliminar algunos de los componentes resultaría en falta de fidelidad. Por otro lado, el proceso de adaptación de un programa implica añadirle algo nuevo al modelo del programa y/o cambiar o modificar alguno/s los componentes existentes (Blakely, Mayer, Grottschalk, Schimitt, Davidson, Roitman y Emshoff, 1987). DHHS (2001) propone como adaptación de programas las modificaciones deliberadas o accidentales de un programa, incluyendo: eliminación o adiciones de los componentes medulares de los programas, modificaciones en la naturaleza de los componentes que están incluidos, cambios en la manera o la intensidad de la administración de los componentes del programa establecidos en el manual del programa, el currículo o los componentes medulares para el análisis, y/o modificaciones culturales u otras modificaciones requeridas por las circunstancias locales (DHHS, 2001). Los componentes medulares son elementos de un programa que fundamentalmente definen su naturaleza, ya que de éstos dependen sus efectos principales. La identificación de los componentes medulares se da a partir del conocimiento teórico, la evaluación del programa utilizando el modelo lógico, la evidencia empírica y los análisis. Como ejemplo, el trabajo de Villaruel et al (2005) sobre adaptación cultural de una intervención para reducir el contagio con VIH en adolescentes latinos, mantuvo los elementos medulares de la intervención original; éstos son el marco teórico y los objetivos de cambio, el diseño de implementación de la intervención, la cantidad de módulos, el tiempo de duración de cada uno y las técnicas de facilitación (por ejemplo, el uso de videos). DHHS (2001) recomienda un marco de seis pasos para lograr el balance entre fidelidad y adaptación de programas: 1) identificar y comprender la base teórica que sostiene el programa; 2) obtener o conducir un análisis de los componentes medulares del programa; (3) atender las preocupaciones entre fidelidad y adaptación para la implantación en un escenario particular; 4) consultar, según se necesite, con los desarrolladores del programa para repasar los pasos anteriores y cómo han desarrollado un plan para implementar el programa en un escenario particular; 5) consultar con las organizaciones y/o la comunidad en la cual la implementación se llevará a cabo y (6) desarrollar una plan de implementación basada en estos insumos. Al adaptar un programa, éste se modifica con el fin de que responda a las necesidades de un grupo consumidor en específico (González-Castro, Barrera y Martínez, 2004). Al satisfacer las necesidades locales, las adaptaciones de los programas pueden: 1) tener resultados más positivos y 2) crear mayor sentido de pertenencia, teniendo como resultado que los programas sean más duraderos (Blakely et al., 1987). Según López, Grover, Holland, Johnson, Kain, Panel, Mellins y Culkin (1989) la integración emic-etic es un aspecto central para una intervención culturalmente sensitiva, ya que se establece el balance entre las normas universales, las normas específicas del grupo y las normas individuales. La eficacia de un programa, concepto asociado a la validez interna, puede ser amenazada cuando el programa se implementa con una población diferente de aquella con la que fue validado, particularmente cuando se implementa de manera fiel, ya que no está contextualizado culturalmente. La adaptación cultural es, entonces, el desarrollo de una versión culturalmente equivalente de un modelo de programa de prevención o de intervención (González-Castro et al., 2004) que ocurre en los niveles de diseño e implementación (Devieux, Malow, Jean-Gilles et al., 2004). González-Castro et al. (2004) proponen que la adaptación cultural de un programa debe incorporar "estructuras profundas", siendo éstas un paso necesario que hay que tomar más allá de las que denominan "estructuras superficiales" (i.e. las creencias normativas y otros aspectos significativos de la forma de ver el mundo y del estilo de vida de un grupo particular). Para lograr esta incorporación, señalan que la adaptación de programas debe llevarse a cabo mediante tres dimensiones: cognitiva, afectiva y ambientales. La dimensión cognitiva incluye las características del procesamiento de información tales como el lenguaje y la edad de desarrollo de los participantes, ya que el contenido debe entenderse. Por otro lado, tiene que haber equivalencia entre las tradiciones del grupo y los conceptos que se presentan en la adaptación. La dimensión afectiva comprende las características motivacionales relacionadas con el género y con el trasfondo étnico, religioso y socioeconómico. Como se verá en el transcurso del texto, los ejemplos relacionados con la dimensión afectiva son también ejemplos de asuntos culturales que deben considerarse en la adaptación de programas. De esta manera, se puntualizan la necesaria convergencia entre los modelos teóricos y los aspectos culturales. Por último, la dimensión ambiental incluye aspectos ecológicos de la comunidad local. Déviex, Malow, Rosenberg y Dyer (2004) sugieren que una estrategia medular para la adaptación cultural de programas es la incorporación del conocimiento específico de la cultura a la intervención. Señalan, además, que deben incorporarse las experiencias comunes del grupo a quien va dirigido el programa para el proceso de adaptación de la intervención. La colaboración de la población que participará en el programa es fundamental en el proceso de adaptación del mismo. Se presentará cómo los distintos procedimientos y técnicas para la adaptación de programas privilegian, principalmente desde la metodología cualitativa, la incorporación de las voces y experiencias de los sujetos. Su participación mediante un proceso de adaptación planificado y sistemático será la garantía para lograr que los programas sean sensibles a la cultura y las condiciones de vida de los participantes.
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