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El Inconsciente

 

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Ciencia, cientificismo y psicología científica. Una evaluación crítica de la historia y epistemología en la construcción de la psicología como ciencia


 

Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú




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Trabajo publicado el 15 de abril de 2010

 



Resumen


A través de un rápido y breve recorrido histórico, se analizan las diversas concepciones ideológicas que influyeron en la aparición de una psicología con pretensiones científicas, principalmente del papel que jugó el cientificismo y su imposición de criterios en la concepción de la psicología como ciencia, llegando a cambiar su objeto de estudio y alterar su rol como disciplina de lo humano. Se discuten además los conceptos de ciencia y psicología, y se revisan los escenarios histórico-sociales, tratando de hallar una explicación al giro conceptual que llevó a la gran crisis del siglo XX con el surgimiento de diversos conductismos, haciendo un balance de sus características como disciplina y de su papel en el desarrollo final de la psicología actual. 

 

Palabras claves: Psicología científica, objeto de la psicología, conductismo, ciencia de la conducta.

 

Introducción

El conocimiento científico fue un logro que tomó forma con el empeño por conocer el cosmos y la naturaleza. El triunfo de la física y la química, a finales del siglo XIX, sumados al impacto social de la teoría de la evolución, llevaron a establecer que las ciencias naturales eran el modelo definitivo del saber. El estudio de la propia ciencia, así concebida, presentó su modelo cognoscitivo como el mecanismo perfecto de la construcción del saber, y como un modelo para la edificación de una ciencia. Paralelamente surgió una corriente ideológica y una moda sociocultural, que delineó una especie de culto por la ciencia y lo científico, tanto como por su modelo cognoscitivo. Así surge el "cientificismo" y se consolida al inicio el siglo XX, ejerciendo una implacable influencia en la constitución de las nuevas disciplinas científicas que, esta vez, ya no estaban interesadas en el mundo natural sino en las personas y sus sociedades. Lo que hace el cientificismo es pretender el estudio de los sujetos como si fueran objetos del mundo natural, en una imposición fanática de los preceptos cognoscitivos de las ciencias naturales.

En realidad, no existe una "ciencia", así en abstracto, lo que existe es una variedad de disciplinas científicas diferenciadas por su actividad sobre un escenario concreto de la realidad, mediante un enfoque correspondiente a su campo y su interés en él. Pero sólo tiene sentido si se la mira como la actividad concreta de ciertas personas, haciendo uso de su libre facultad de pensar, y que al hacer lo que hacen, generan lo que se llama ciencia. Es en el transcurso de la misma actividad científica que se van generando los criterios gnoseológicos, esto es, una ontología adecuada al campo de estudio, una epistemología apropiada a los hechos o fenómenos que intentan explicar, y una metodología y tecnología que faciliten sus descubrimientos. La ciencia es fundamentalmente una actividad libre, natural y elitista, propia de ciertas personas prodigiosas interesadas en descubrir los misterios de algún aspecto de la realidad, y son las características de esta realidad las que guían el afán descubridor, junto a su habilidad para cuestionarse, investigar y entender. La ciencia no es pues una doctrina de preceptos ideológicos que se pone al alcance de todos, y que deben seguirse rigurosamente como una fe, ni un club donde hay que respetar ciertas normas de conducta. Parafraseando a Einstein, la ciencia es una aventura del pensamiento. Pero hay una característica del cerebro y el pensamiento humano que, pese a ofrecernos grandes ventajas, puede también significar un gran obstáculo, y es que el comportamiento humano en general, tiende a guiarse de -y a preferir- patrones mentales que se estructuran automáticamente a partir de determinadas prácticas y concepciones. Por otro lado, la libertad de acción conlleva al caos, por lo que parecería preferible seguir una pauta comunitaria. Estas características llevadas al campo de lo científico, sumadas a otras condiciones sociales e históricas, produjeron lo que se conoce como "cientificismo", y afectó el desarrollo de la sociedad y, en especial, el de las ciencias humanas. La sociología pudo liberarse prontamente de esta pesada carga, gracias al aporte epistemológico de numerosos autores como Bourdieu, Rickert, Weber, Ricoeur, Schutz, Winch, etc. En contraste la psicología padecía de una grave sequía en esta clase de producciones filosóficas orientadoras, y sucumbió en la vorágine de las sectas pseudocientíficas y, especialmente, en el cientificismo, que hizo gala incluso de su desapego y desprecio por la filosofía.

El cientificismo colocó a "la ciencia" como el valor supremo de la sociedad, prácticamente al mismo nivel de la religión. La ciencia era concebida como un cuerpo de preceptos lógicos y metodológicos que proporcionan el conocimiento verdadero, y como un cúmulo de conocimientos verdaderos que estaban al margen de toda discusión y duda. Junto a eso, se instauró una imagen de ciencia y del científico vinculada a experimentos de laboratorio. Una imagen que ya se esbozaba en novelas famosas como "Frankenstein", de Mary Shelley. A fines del siglo XIX, se dio el auge del empirismo y del positivismo. La ciencia, a la luz de estas nacientes concepciones dejó de ser una aventura del pensamiento audaz, una actividad esencialmente libre fundada en la observación, el razonamiento, la investigación y el descubrimiento, y se convirtió en el seguimiento de sus doctrinas y en la mera aplicación rutinaria de metodologías sobrevaluadas. Es decir, "la ciencia" se redujo a una guía práctica de construcción de saberes, mediante los dogmas del saber establecidos bajo las visiones del naturalismo, y a una imagen estereotipada que se mostraba a la sociedad mediante productos logrados "científicamente". Aquellos problemas que no podían ser manejados por este sistema de creencias, eran simplemente ignorados o rechazados abiertamente sin reparos. El científico pasó a ser el sumo sacerdote del saber y el superhéroe que salvaría al mundo con sus artes. Un papel que muchos aspiraban a jugar, más allá de cualquier otra consideración.

Este panorama viciado influyó directamente en la construcción de una nueva "psicología científica" a inicios ya del siglo XX, y que tomó un rumbo muy distinto de aquella fundada por Wundt en 1879. Ansiosos por ingresar al club de las ciencias, algunos autores no tuvieron reparo en reinventar la psicología sometiéndola a los preceptos del cientificismo. Primero se enfrentaron inexorablemente a la necesidad de abandonar el campo de estudio original de la psicología, la psique, dado que este no se prestaba a los alcances del "método científico". En su reemplazo propusieron no sólo un nuevo objeto sino uno ajeno, propio del estudio de animales: la conducta animal. Este objeto fue simplemente sustraído de la etología, para luego dar inicio a la descalificación del objeto original de la psicología, así como de la psicología que lo estudiaba; de inmediato se pregonó la condición científica alcanzada al fin por esta nueva forma de psicología: ¡una psicología sin psique! Este suceso paradójico e inusual en el que se le cambia el objeto de estudio a una disciplina, y aun se pretende seguir llamándola igual, se complementa con el hecho histórico de que la fundación del laboratorio de Wundt en Leipzig, sigue marcando el punto de inicio oficial de la psicología científica. Hay que rescatar el hecho de que el propósito de Wundt y su laboratorio fue el estudio científico de la mente, desligando así a la psicología de la filosofía para hacerla una disciplina independiente. Estamos pues ante una circunstancia histórica paradójica y frente a dos hechos antagónicos que algunos trataron de conciliar inútilmente, pero que es necesario esclarecer. Conviene agregar que el cientificismo psicológico originó la fractura histórica de la psicología y la gran dispersión teórica provocada por el desembalse caótico de numerosas propuestas, surgidas en el afán de llenar aquel enorme vacío dejado por esa autodenominada "psicología científica", pues casi todos los fenómenos humanos quedaron en el aire. Además de esta abigarrada colección de propuestas que se refugiaron bajo el toldo del humanismo, hubo una variada respuesta desde diversas disciplinas para impugnar las creencias y pretensiones del cientificismo psicológico. Nos parece que resulta necesario analizar, una vez más, estos acontecimientos históricos, aunque con distintas y mayores perspectivas ganadas al cabo de casi un siglo de distancia, recorrido y discusión, en un momento en que aquellas históricas tensiones al interior de la psicología parecen haberse relajado, y cuando el cientificismo psicológico parece reducido a una más modesta expresión de la psicología.


Origen del cientificismo

La ciencia, a secas, no es más que un concepto que alude al producto del pensamiento humano orientado al conocimiento de diversos aspectos de la realidad, como resultado del pensamiento reflexivo, y de ciertas prácticas orientadas a la verificación del conocimiento, e incluso a toda esta actividad. En el otro lado, el cientificismo, en cambio, es una doctrina referida al conocimiento científico y al ejercicio de la labor científica, y una comunidad que utiliza esta doctrina como fundamento de sus prédicas y prácticas. Como toda ideología, el cientificismo está revestido de dogmas y creencias que son veneradas y exigidas por quienes ostentan la imagen de la ciencia, en virtud de ciertas funciones sociales. Adicionalmente, hay un agregado de intereses que estas comunidades defienden y, para lo cual, apelan a la sacralización de lo científico, convirtiendo el ejercicio de la ciencia en una especie de religión laica, con sus dogmas, credos y rituales.

El estudio histórico de la ciencia nos revela que esta tuvo sus inicios en el pensamiento religioso del Medioevo, aproximadamente en los siglos XII y XIII. Allí surgieron las primeras nociones del saber científico, edificadas sobre la imagen fundamental de la creación divina, de un Universo que marchaba en un orden perfecto debido al acatamiento de la voluntad de Dios, quien regía el Cosmos mediante sus leyes. La ciencia no era más que el descubrimiento de estas leyes con que Dios había echado a andar el mecanismo glorioso del Universo. Y fue así que, mientras la religión predicaba que ni una sola hoja de un árbol se mueve si no es por la voluntad de Dios, la ciencia afirmaba por su parte que todos los eventos se daban por causas determinadas y leyes que podían establecerse con exactitud. Tenía que ser así. Era una lógica que se desprendía naturalmente de la otra. Nadie puso su mente en blanco para empezar a hacer ciencia, sino que se la edificó sobre las concepciones prevalecientes, en una suerte de continuidad feliz. En este ambiente tuvo lugar el desarrollo de las ciencias físicas y naturales que deslumbraron a la humanidad, al punto que hasta la filosofía se interesó por este tipo de saber, estableciendo algunas pautas espistémicas que distinguían a estas formas de conocimiento. Y fue a partir de estas nociones generales del saber, fundadas sobre la práctica de las ciencias físicas y naturales, que el cientificismo edificó su doctrina con el anhelo de establecer un sólo formato de ciencia, único y aplicable a cualquier disciplina, una especie de ciencia estandarizada y universal. Un anhelo que no se podría cumplir sin pasar por el desprecio de la metafísica, por lo que se procedió al análisis meticuloso del lenguaje en busca de las sombras que oscurecían el conocimiento científico.

Aunque el camino de la ciencia se haya iniciado en el conocimiento del cosmos y de la naturaleza, esto no implica que tales esquemas lógicos y metodológicos sean los únicos válidos para conocer, pues esto va a depender -en última instancia- del escenario que se aborda y no de ideologías referidas al conocimiento científico. Esto significa que los preceptos cognoscitivos dependen del objeto del conocimiento y no al revés. De hecho, el metodologismo cientificista no ha bastado para conocer ninguna realidad a plenitud, tan sólo han acumulado montañas de datos aislados. La pretensión de construir una ciencia "perfectamente científica", partiendo de la adopción de acrisoladas estructuras lógicas y epistemológicas que orienten el pensamiento hacia la autopista del saber, previamente asfaltada por el método, ha sido la ilusión más cara del cientificismo. Un simple análisis de la historia nos revela que ciencias duras como la química no se estructuraron acogiéndose a un cuerpo de principios cognoscitivos supuestamente perfectos. Todo lo contrario, evolucionaron a partir de actividades relacionadas con la superstición, como la alquimia, en busca de la piedra filosofal y el elixir de la vida. A la física le tomó siglos -y hasta milenios- contar con los instrumentos apropiados para distinguir la luz y el movimiento de los astros y corregir sus errores de perspectiva. Luego ambos llegarían a descubrir la estructura del átomo y organizarían a todos los elementos en una tabla periódica, pero fue a base de intentos fallidos y de intensos debates, y hasta de mucha suerte. También la biología se inició con teorías vagas como el vitalismo y la generación espontánea, para luego progresar lentamente hacia explicaciones más exactas, aun cuando no se contara con todas las pruebas de la aparición de la vida y de la evolución. Esta es la forma real, racional y natural como ha progresado el pensamiento humano y como se lograron los conocimientos científicos, y no respetando una doctrina metodológica. Desafortunadamente para la humanidad apareció el cientificismo y convirtió a la ciencia en un compendio de fórmulas de pensamiento que debían acatarse escrupulosamente, con ciertos dogmas como objetividad, empirismo y leyes universales que debían descubrirse en las regularidades percibidas por los hombres, o que eran establecidas mediante algún procedimiento matemático e instrumental. Para el cientificismo se había descubierto ya la fórmula del saber verdadero, y no había que hacer más que seguirla paso a paso, fielmente. Toda otra forma de conocer era inválida y despreciable. Así el cientificismo se erigió como celoso guardián de las disciplinas que aspiraban al estatus de ciencia, imponiéndole sus dogmas y modelos extraídos de la física y las ciencias naturales.

Fue Auguste Comte (1798-1857) quien proclamó a la ciencia como una nueva religión laica que sería la respuesta a todos los males de la humanidad. Ese fue el inicio de lo que más tarde sería el cientificismo como ideología social y, ciertamente, como religión laica. La fe en un Ser Supremo fue complementada con la fe en un método supremo. Contrariamente a lo que ocurre en un escenario científico real, donde la actividad se desarrolla a partir del libre pensamiento, el atrevimiento teórico y la discusión de los hallazgos, la actividad del cientificismo se redujo a una búsqueda ritualista y hasta obsesiva de leyes y causas en el escenario de la vida humana. Auguste Comte propuso a la Sociología como la encargada de descubrir las leyes de la sociedad. Karl Marx anunció las leyes que rigen la historia; Freud, las leyes de la personalidad; Pavlov y Skinner, anunciarían las leyes de la conducta; uno, desde conexiones nerviosas y, el otro, desde causas en el ambiente. Así, una larga colección de leyes empezó a definir "científicamente" el mundo de los seres humanos, visto como una prolongación natural de aquel Universo perfecto gobernado por Dios. El sueño utópico del cientificismo era describir completamente el escenario de la realidad humana mediante leyes científicas. Había en el fondo un cándido deseo de emular la exactitud de las ciencias físicas. Al cabo de un tiempo de fervor, la autoridad y el poder de estas ciencias empezaron a difuminarse rápidamente como un perfume barato, y surgió una especie de sospecha y desilusión en la gente ante esta clase de ciencias cuya sabiduría parecía encerrar un grave problema frente a la realidad. Sumergido en sus concepciones propias de la física, el cientificismo nunca alcanzó a comprender la gran diferencia existente entre un mundo natural, regido por leyes universales y propiedades estables de la materia, y un mundo humano regido por gustos, ideas, creencias e intereses, con sujetos diversos que se transforman con cada experiencia, tanto propia como de su mundo cultural, en medio del azar de una existencia social. El fracaso del cientificismo en el escenario humano fue total, tanto en lo político-económico como en lo científico-social. Como consecuencia de esto surgió un nuevo fenómeno sociocultural, que sería bautizado luego por la sociología como "posmodernismo", caracterizado por un profundo sentimiento de sospecha, malestar y rechazo hacia los esquemas adoptados bajo el influjo cientificista. Aquel mundo perfecto, definido por leyes científicas de causa-efecto, se vino abajo sin remedio antes de finalizar del siglo XX.

El cientificismo psicológico empezó a manifestarse con el ataque de algunos autores hacia la psicología como disciplina, partiendo de ciertos prejuicios y de algunos descubrimientos iniciales bastante específicos y hasta simples, pero sobrevalorados al extremo. Desde luego, la psicología era todavía una disciplina en formación, y estaba en busca de sus fundamentos epistémicos y metodológicos. Aún se hallaba muy rezagada de las demás por la misma naturaleza compleja de su campo, y también por la inexistencia de conocimientos científicos vinculados a los fenómenos propios de su interés. Con todo, no había porqué apurarla. Las ciencias han tardado siglos y hasta milenios en desarrollarse, y el campo del que se ocupa la psicología es el fenómeno más complejo del Universo. Recién se iniciaba el andar de la ciencia en los escenarios de la vida humana. Por entonces se ignoraba prácticamente todo acerca del cerebro, y apenas comenzaba su estudio. Paradójicamente la tarea de demolición de la psicología empezó desde este frente con Pavlov (1900), quien a partir del descubrimiento de asociaciones nerviosas entre ciertos estímulos y la salivación de los perros, expresó su convicción de que la conducta del hombre -como la de cualquier otro animal- podía explicarse mediante simples asociaciones nerviosas. Pavlov llegó a negar la necesidad de recurrir a explicaciones psicológicas, hasta les prohibió a sus colaboradores el empleo de expresiones tales como "el perro recordó", "el ardiente deseo de comer" (Vigotsky, 1930). La fisiología intentó reemplazar a la psicología bajo la convicción de que lo psíquico podía explicarse por lo fisiológico. Este fue el primer golpe de la ciencia naturalista a la psicología y el inicio de su tarea demoledora. Luego sería el turno de Skinner y su condicionamiento operante.

La aniquilación de la psicología tuvo dos frentes: por un lado se desprestigió a su objeto de estudio más emblemático, afirmando que la mente era una mera superstición, un rezago del espiritualismo, una manera de hablar de la gente, algo que estaba en una dimensión no física, y muchas otras cosas que configuraban más una barahúnda antes que una posición científica y filosófica sólida; y segundo, se propuso a "la conducta observada" como un nuevo objeto de estudio, ya que además de ser observable podía cuantificarse, en consecuencia se prestaba perfectamente a los alcances del "método científico". En seguida, la experimentación con animales se convirtió en la ocupación favorita del cientificismo psicológico, extrapolando sin reservas sus hallazgos a los seres humanos. De este modo, la "objetividad", entendida como el estudio de algo exterior y ajeno al sujeto, y el "empirismo", que acogió a la experimentación como la única fuente del conocimiento, fueron los pilares de esta novedosa "psicología científica" que acabó convirtiendo a la mente en la bestia negra que había que combatir. En buena cuenta, era una antipsicología.

El verdadero fundador del cientificismo psicológico fue Watson (1913), y quien aplicó el golpe más artero a la psicología, proponiendo que esta se convierta en una suerte de física de movimientos humanos, e imponiéndole las condiciones para ser una ciencia de tipo naturalista. Básicamente debía ser una copia fiel de la física, adoptar sus preceptos y abandonar definitivamente el tema de los fenómenos psíquicos, habida cuenta de que su estudio era imposible mediante el "método científico". En otras palabras, Watson hizo claudicar a la psicología para someterla a los cánones del cientificismo. Desde este punto, al extremo de negar la mente, sólo hubo un paso que muchos no tardaron en dar, aunque siempre con muchas vacilaciones. En verdad nadie tuvo el valor de negar la mente de manera firme; tan sólo se cubrieron con una serie de vacilaciones y reticencias confusas. Lo concreto fue que cierto sector de la psicología americana prefirió adoptar el modelo de la física para disfrazarse rápidamente de ciencia, aunque eso significara dejar de lado siglos de tradición filosófica sólo para convertirse en una tecnología de la conducta, y en una antítesis de la ciencia fundada por Wundt. Si con Pavlov la fisiología había intentado engullirse a la psicología, esta vez la física le dio un mordisco gracias al planteamiento de Watson. Sin embargo, Watson no estuvo solo. El cientificismo era un fenómeno social y estaba extendido. Por esos días también J. R. Kantor, planteó sus propias tesis fisicalistas, aunque permanecería ignorado hasta fines de los 70, cuando fue descubierto y exhibido como una novedad y un "avance" del conductismo.

A diferencia de la fundación del laboratorio experimental de Wundt, un hecho científico que marcó el nacimiento de la psicología como ciencia, la aparición de la llamada "psicología científica" no se debió a ningún hecho científico sino a un simple acontecimiento académico y social, que llegaría a ser histórico por sus efectos: el manifiesto cientificista de Watson:

"La psicología, tal como los conductistas la consideran, es una rama puramente experimental de la ciencia natural. Su meta teórica es la predicción y control del comportamiento. La introspección no forma parte esencial de sus métodos, ni el valor científico de sus datos depende de la prontitud con que se prestan a interpretación en términos de conocimiento. El conductista, en sus esfuerzos por establecer un esquema unitario de respuesta animal, no reconoce ninguna diferencia entre el hombre y el animal". (Watson, 1913, p. 158).

Si para muchos esta posición parecía extravagante, tuvo sin embargo una curiosa y casi inmediata aceptación. En su análisis de la psicología del siglo XX, Kurt Danziger explica esta coyuntura:

"El argumento de Watson era irresistible: dos años después fue elegido presidente de la American Psychological Association. La razón de que su mensaje encontrara una resonancia masiva e inmediata era que la mayoría de los psicólogos americanos ya aceptaban la premisa de que el negocio de su disciplina era producir datos para ser utilizados "de manera práctica" por educadores, hombres de negocios y así sucesivamente, y de producirlos rápidamente. Dada esta premisa, la prescripción de Watson, despojada de unas cuantas exageraciones polémicas, estaba, obviamente, en la línea correcta." (Danziger, 1979, p. 48)

Se trataba de un planteamiento que rompía abiertamente con la tradición filosófica, sobreponiendo una propuesta efectista y simple a una preocupación milenaria. Además de esto, Watson adornó su tesis con una serie de exageraciones extravagantes respecto del poder que tendría esta ciencia, en lo que significó el inicio de una típica retórica social exagerada y sostenida, que marcó el estilo del cientificismo psicológico, y que contribuyó a la fama de algunos personajes, especialmente de Skinner, debido a sus delirantes propuestas de control social y moldeamiento cultural. En su prolija historia crítica de la psicología, Daniel M. Robinson incluye la siguiente observación en relación a este extraño acontecimiento:

"…Ahora bien, lo que había ocurrido era la adopción de una posición metafísica no sobre la naturaleza de la 'verdad' sino sobre la naturaleza de la 'psicología'. Se tomó la decisión de que la psicología no era más que una cierta clase de método, un método 'experimental', y que sólo aquellas partidas tratables mediante este método constituirían la materia sobre la que versaría." (Robinson, 1982, p. 324)

Añade también que este planteamiento había dejado incrédulos a muchos, perplejos a otros, y que no faltaban quienes aun estaban riéndose de ella. Se trataba a todas luces de una "ciencia" que se constituía no alrededor de un objeto bien definido de estudio sino alrededor de unas concepciones del quehacer científico, preocupada no por las explicaciones de los fenómenos de su interés, sino por la eficacia de sus técnicas y su comercialización. A diferencia de las demás, no era una ciencia que se erigía alrededor de algún misterio por resolver sino alrededor de una propuesta de trabajo. El manifiesto de Watson no bosquejaba una teoría científica, sino más bien una especie de canon para un nuevo club de practicantes y creyentes en el valor supremo del método.

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Ana Díaz: Felicitaciones...ya era hora de que alguien defendiera a la joven psicología. Lo único que falta, según mi opinión, es hacer conciencia, aclararle el panorama al "sector docente" en las universidades, si pudiera ser a nivel latinoamericano sería ideal, ya que, al menos en mi universidad, se siguen enseñando cantidad de teorías que solo confunden al nuevo estudiantado. Como marco teórico, este artículo ayuda en la comprensión histórica de la psicología, pero creo conveniente que la "enseñanza" de la ciencia psicológica regrese al punto de su verdad y encuentre el método de mantenerse en ella, para evitar que los jóvenes aprendices se extravíen y veneren falsas o ajenas doctrinas de la seudopsicología, cayendo en el cientificismo psicológico y continuando, en cierta forma/medida, en la ignorancia del conocimiento verdadero.

 

Magnolia Abadillo: Estimados Señores de Psicología Científica y especialmente al Licenciado Luis Bobadilla ¡¡Felicitaciones por este magnífico trabajo!! Soy estudiante del 5º grado y en cuarto cuando recibí el curso de sistemas de psicoterapia, empecé a sentirme confundida con respecto a la psicología. Sentí precisamente es pérdida de sentido en cuanto a mis estudios, pero este artículo me ha ayudado a comprender qué fue lo que pasó. Por favor, manténgannos informados sobre el curso de la "psicología pura" para que no perdamos nuestro norte. Gracias de nuevo.

 

evelyn arrieta ochoa: Buenas tardes Ps.Luis D.Bobadilla me parece genial el trabajo que realizó me interese mucho porque es un tema de polémica de que hay muchas criticas con esto de que la psicología es ciencia o no? yo personalmente creo que es una ciencia joven como menciona y para esto necesitamos demostrar cada dia mas . Estudiante de Psicología .V ciclo

 

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