El cuidador en la relación padre-hijo encarcelado desempeña un rol fundamental en mantener el vínculo afectivo durante el encarcelamiento. El cuidador es responsable de atender sus necesidades emocionales, físicas y sociales, asumiendo un papel crucial en el desarrollo del hijo. Este estudio explora cómo su mediación impacta la calidad de dicha relación, enfrentando múltiples estresores y actuando como puente entre ambos.
El cuidador en la relación padre-hijo encarcelado
Tradicionalmente, el rol de cuidador ha sido asumido por abuelas y madres, quienes crean un ambiente estable y de apoyo para el niño (American Psychological Association, s.f.).
En Estados Unidos (EE. UU.), las abuelas son las que suelen asumir esta responsabilidad, lo que refleja una tendencia cultural en la cual las mujeres cargan gran parte de las responsabilidades de cuidado de los menores en familias extendidas (Pew Research Center, 2013).
Aunque la figura paterna también es importante, diversas circunstancias pueden limitar el contacto que el menor tenga con su padre, entre ellas, la encarcelación. En Puerto Rico, aproximadamente 7,400 hombres están encarcelados, de los cuales el 66 % tiene al menos un hijo (Martínez, 2019). Para que estos menores puedan tener visitas con sus padres, necesitan la disposición de sus madres, abuelas o cuidadores. La calidad de la relación que el menor desarrolle con su figura paterna dependerá en gran medida de la influencia del cuidador en mantener este vínculo (Tasca, 2016).
En el 90 % de los casos donde el padre está encarcelado, las madres asumen el rol de cuidadoras principales (Nesmith et al., 2011). Estas mujeres son responsables de criar a los menores y, a la vez, de intentar mantener la relación entre el hijo y el padre encarcelado.
La importancia de la relación padre-hijo
Numerosos estudios han demostrado que la relación con la figura paterna afecta el desarrollo infantil de forma directa o indirecta (Cano et al., 2019; Wilson et al., 2011). Sin embargo, las investigaciones sobre dinámicas familiares suelen centrarse en la relación madre-hijo, excluyendo a los padres. Esta exclusión ocurre debido a la percepción de que los padres no son cuidadores primarios ni participan activamente en la crianza (Cabrera et al., 2018).
Las dinámicas familiares suelen ser complejas. Algunos padres están ausentes por elección, mientras que otros están separados de sus hijos por circunstancias fuera de su control, como el encarcelamiento.
Los estudios que se enfocan en la figura paterna han demostrado que la relación del padre con el niño puede impactar el desarrollo del menor. Por ejemplo, un estudio longitudinal realizado en Australia por Cano (2019) mostró que el tiempo que los niños pasan con sus padres se asocia con mejoras en su funcionamiento cognitivo. Cuando extrapolamos estos hallazgos a padres encarcelados, se destacan los beneficios potenciales de mantener activa la relación padre-hijo.
Relación de apego y su importancia
El apego en los menores es sumamente importante, ya que su capacidad para formar y mantener relaciones saludables a lo largo de la vida puede verse significativamente afectada por tener un vínculo inseguro con su cuidador principal (Winston et al., 2016). Comprender las relaciones de apego a lo largo de la vida contribuye a entender las diferencias individuales en la adaptación social, con el apego parental como indicador de bienestar (Guarnieri et al., 2015). Las relaciones de apego que se forman en la niñez influyen en las relaciones posteriores que se formen en la adolescencia y la adultez.
La familia como ambiente fundamental en el desarrollo del apego
La familia constituye el primer entorno en el que los individuos se desarrollan, desempeñando un rol esencial en la formación de los vínculos afectivos y el desarrollo del apego. Este espacio inicial de socialización y crecimiento emocional permite a los niños establecer lazos que serán fundamentales para su bienestar en el presente y el futuro (Dávila, 2015; Suarez et al., 2018). También, la familia actúa como un grupo de pertenencia primaria, donde se establecen las bases del apego que influirán en las relaciones posteriores en la adolescencia y adultez (Dávila, 2015).
Cuando se produce una separación familiar, la dinámica puede verse gravemente alterada y llegar a impactar adversamente el desarrollo socioemocional del menor. Los estudios han demostrado que mantener una relación de apego seguro resulta beneficioso, tanto para el menor, como para el padre encarcelado, especialmente cuando el contacto entre ellos es facilitado por el cuidador. Las visitas, facilitadas por el cuidador, son una herramienta clave en este proceso ya que ofrecen oportunidades para reforzar el vínculo padre-hijo. Aunque estas visitas podían generar angustia en los padres debido a su situación de encarcelación, también les brindaba la oportunidad de compartir tiempo de calidad con sus hijos (Tachera et al., 2012).
El cuidador como mediador
La figura de la cuidadora o el cuidador, que puede incluir a madres, abuelas, tíos o incluso puede llegar a ser alguien fuera de la familia, juega un papel central en la relación entre el menor y el padre encarcelado. Los estudios han demostrado que los menores tienen más probabilidades de visitar a sus padres encarcelados cuando sus cuidadores principales son sus madres o abuelas, debido al vínculo cercano que suelen mantener con el padre (Tasca et al., 2016).
Los cuidadores actúan como mediadores en la interacción entre el niño y el padre encarcelado, determinando la frecuencia y duración de las visitas, así como el contenido de las interacciones. Asimismo, lo que el cuidador comunica al menor sobre el padre encarcelado puede influenciar grandemente la imagen que el niño tiene de él. Un ambiente de cuidado estable, con cuidadores disponibles y receptivos, ayuda al desarrollo de un apego seguro, mientras que la inestabilidad puede agravar los efectos de la separación (Poehlmann, 2005).
Los padres encarcelados suelen tener una visión más optimista de su relación con el cuidador que la que el cuidador percibe tener con ellos. Esta diferencia enfatiza la importancia de desarrollar una fuerte alianza en la crianza conjunta entre los padres encarcelados y los cuidadores en el hogar. (Loper et al, 2013). Es fundamental que tanto el cuidador como el padre estén en sintonía para así poder beneficiar la relación que se tenga con el menor.
En estudios recientes, como el de Carretero et al. (2021), se resalta el rol del cuidador como facilitador del vínculo de los padres encarcelados y sus hijos. En su estudio, se destaca que los padres en prisión reportan una experiencia de crianza más positiva cuando perciben al cuidador principal como un aliado efectivo en este proceso (Carretero et al., 2021). Por lo tanto, consideramos fundamental promover una relación colaborativa entre los cuidadores y padres para optimizar el impacto en los menores.
Estresores en la vida del cuidador
Los cuidadores tienen sus propios estresores que pueden afectar la dinámica de la relación con el menor como con el padre encarcelado.
En un estudio realizado en Hong Kong, Chui (2016) destaca la poca prioridad que se le ha dado a la salud mental de los cuidadores de niños con padres encarcelados. Este estudio examina la relación entre el estrés que experimentan los cuidadores y los problemas de comportamiento en los hijos de padres encarcelados en Hong Kong.
Con una muestra de 54 mujeres, el estudio encontró altos niveles de angustia psicológica entre los cuidadores. (Chui, 2016). Además, factores psicosociales, como la carga financiera, el aislamiento social y la falta de apoyo emocional se asociaban con mayores niveles de estrés y depresión en los cuidadores. Los efectos de estos estresores también estaban vinculados a problemas de comportamiento en los menores, incluyendo problemas de comportamientos externalizantes, como agresión y desobediencia, o internalizantes, como ansiedad y depresión (Chui, 2016). Esto subraya la necesidad de proveer intervenciones dirigidas a aliviar la carga de los cuidadores, garantizando así un entorno más estable y propicio para el desarrollo de los menores.
Método
La investigación aquí expuesta es un estudio que utiliza un enfoque cualitativo, con diseño fenomenológico, el cual busca explorar el rol de los cuidadores en la relación entre los menores y sus padres encarcelados. El método cualitativo utilizado permite obtener una comprensión profunda de las experiencias y significados que los participantes atribuyen a su rol como cuidadores en este contexto específico.
Participantes
La información se obtuvo mediante entrevistas semiestructuradas a cinco cuidadoras de menores con padres encarcelados. Se analizaron las dinámicas entre cuidador, menor y padre encarcelado, la frecuencia de visitas y factores influyentes (i.e., horarios, protocolos, etc). Los datos se procesaron inductivamente, categorizando y codificando información clave para interpretar las experiencias de los participantes.
Se contactó a las cuidadoras principales de niños, niñas y adolescentes con padre encarcelado mediante redes sociales y la comunidad. Criterios de inclusión: ser cuidadores puertorriqueños mayores de 21 años, estar a cargo de un menor entre las edades de 5 y 15 años, que el padre lleve al menos seis meses encarcelado y tener acceso a dispositivo electrónico para entrevista virtual. Se obtuvo consentimiento informado y se aseguró confidencialidad en todas las fases.
Tabla 1
Características de las participantes

Instrumento
Se diseñó una entrevista semiestructurada basada en trece preguntas abiertas. Para propósitos de esta investigación, se estuvo indagando sobre el rol del cuidador/a en la relación del menor con el padre encarcelado. En esta entrevista se exploraron aspectos relacionados con la frecuencia de contacto, la percepción del cuidador sobre la relación padre-hijo, barreras y facilitadores en el mantenimiento del vínculo. También se exploró más en detalle la relación del cuidador/a con el padre encarcelado y con el/la menor.
Procedimiento
Las entrevistas fueron realizadas de forma virtual y presencial en entornos privados y cómodos para las participantes, asegurando su confidencialidad y comodidad. Cada entrevista tuvo una duración aproximada de 45 a 60 minutos y fueron grabadas con el consentimiento de las participantes. Posteriormente, se transcribieron para su análisis.
Se aplicó codificación inductiva en tres etapas:
(1) lectura abierta y generación de códigos iniciales;
(2) agrupación de códigos en categorías y subcategorías;
(3) refinamiento temático y elaboración de un mapa de temas.
El análisis fue realizado por la investigadora principal y se discutió con el comité.
Durante la transcripción de las entrevistas, se identificó información relevante en las categorías y subcategorías de análisis, como las barreras, los factores facilitadores y las distintas relaciones.
El método de análisis adoptado fue inductivo, lo que implicó un enfoque de lo particular a lo general. Esto permitió generar interpretaciones basadas en la información obtenida y desarrollar categorías generales.
Los fragmentos más representativos de las entrevistas se emplearon para describir e ilustrar las categorías y subcategorías emergentes (véase más adelante) y respaldar los hallazgos del estudio.
Consideraciones éticas
El estudio se condujo conforme a principios éticos internacionales aplicables. Todas las participantes otorgaron consentimiento informado antes de las entrevistas. Se garantizó la confidencialidad mediante anonimización de la información y uso de seudónimos (P1–P5). Dado el carácter de mínimo riesgo y la ausencia de información identificable en la difusión de resultados, el proyecto fue revisado o considerado bajo procedimientos institucionales equivalentes. Los datos se almacenaron en repositorios seguros con acceso restringido al equipo investigador.
Resultados
A través de este estudio cualitativo se identificó que las cuidadoras juegan un papel fundamental en el mantenimiento del vínculo entre los menores y sus padres encarcelados. A través del cuestionario de Datos Sociodemográfico se identificaron cinco mujeres cuidadoras entre las edades de 27 a 54 años, de menores entre las edades de 5 a 13 años. De estas, tres se identificaron como madres (P3, P4 y P5), una como abuela (P2) y la otra como tía (P1). Por último, el tiempo que los padres llevan en prisión varía entre 24 meses y 92 meses.
Figura 1
Mapa temático de estresores y factores protectores en la relación NNA–padre encarcelado mediada por la cuidadora

Nota. Diagrama conceptual. NNA = niños, niñas y adolescentes.
El análisis permitió identificar dos grandes familias temáticas: (a) Estresores que obstaculizan el contacto entre NNA y el padre encarcelado y (b) factores protectores que facilitan y sostienen el vínculo, mediado por la cuidadora. A continuación, se describen los temas y subtemas con citas ilustrativas.
Tema 1. Estresores personales
Las cuidadoras describieron carga emocional asociada al rol y a la gestión del contacto. Esto incluyó sentimientos de preocupación y agotamiento, así como dilemas sobre la conveniencia del contacto en ciertos momentos del desarrollo. “… todos los componentes de una crianza estoy yo encargada porque donde él está no puede hacer nada”( P2)
Subtemas: (1) sobrecarga del cuidado y tareas domésticas; (2) dificultades económicas para cubrir transporte, comunicaciones y logística; (3) manejo de reacciones de NNA posteriores a la visita o llamada.
Tema 2. Estresores sistémicos
Se reportaron barreras institucionales: horarios de visita que colisionan con la escuela, restricciones en listas de visitantes y trámites que demandan tiempo. “el proceso de visita también fue difícil porque tiene que acostumbrarse a que las revisen… Y también hubo situaciones, me pasó en una cárcel que alguien sí llevó una droga a la visita y eso fue una situación que ellas vieron. (P3).
Subtemas: (1) requisitos administrativos cambiantes; (2) controles que acortan el tiempo de interacción; (3) limitaciones tecnológicas intramuros.
Tema 3. Factores protectores
La comunicación mediada por tecnología (llamadas, videollamadas) y la cooperación cuidador–padre emergieron como facilitadores clave. ““Pues la tecnología. Literalmente, la tecnología, porque como te estaba diciendo acá, lo que él está usando es una tableta.” (P1).
Subtemas: (1) acuerdos previos sobre horarios y temas; (2) preparación del NNA antes y después del contacto; (3) apoyos psicosociales de redes familiares y escolares.
Discusión
El estudio aporta evidencia cualitativa de que la alianza cuidadora–padre es un mecanismo central que fortalece o debilita el vínculo NNA–padre encarcelado. En línea con la literatura previa, los estresores personales y sistémicos reducen la frecuencia y la calidad del contacto, mientras que la planificación del contacto y la mediación tecnológica actúan como amortiguadores. Este patrón sugiere que intervenciones orientadas a coordinar expectativas entre cuidadoras y padres, así como a optimizar las condiciones institucionales de visita y comunicación, pueden tener efectos positivos en el ajuste socioemocional de NNA.
En términos de implicaciones clínicas y comunitarias, los resultados respaldan acciones de psicoeducación para cuidadoras, protocolos de preparación y debriefing para NNA antes/después del contacto y derivaciones a apoyos sociales cuando existan barreras económicas. A nivel de política pública, se recomienda revisar horarios de visita compatibles con la escuela, ampliar opciones de contacto remoto y estandarizar procedimientos para reducir cargas administrativas.
Finalmente, el trabajo amplía un nicho subestudiado en el contexto local al documentar la voz de cuidadoras en familia extensa (p. ej., abuelas y tías), destacando su papel como enlaces críticos entre NNA y el padre encarcelado.
El principal objetivo de este estudio ha sido tratar de comprender cómo el cuidador influye en la relación entre un padre encarcelado y su hijo. La información recopilada no solo ha logrado cumplir con este propósito, sino que también ha proporcionado una perspectiva integral sobre las barreras que enfrentan los cuidadores, así como los factores que facilitan o dificultan la relación entre el padre y su hijo en el contexto del encarcelamiento.
Aunque el estudio se centró en las experiencias específicas de cinco cuidadoras, y por lo tanto sus resultados no pueden extrapolarse a toda la población, se identificaron patrones en sus vivencias. Estas similitudes sugieren que los hallazgos podrían ser útiles para diseñar estrategias de intervención y apoyo dirigidas a los padres encarcelados y sus familias.
Con relación al primer objetivo, se encontró que el rol del cuidador actúa como un mediador crucial en la calidad del vínculo entre el padre encarcelado y el menor, en concordancia con la literatura previa (Poehlmann, 2005; Loper et al., 2013; Carretero et al., 2021). La presencia de un cuidador empático y comprometido facilita el establecimiento de una conexión emocional más sólida entre el menor y el padre encarcelado. Sin embargo, cuando existen tensiones o experiencias negativas entre el cuidador y el padre encarcelado, la relación entre este último y el menor tiende a verse obstaculizada.
Estos hallazgos coinciden con estudios previos que indican que los padres encarcelados experimentan mejores relaciones con sus hijos cuando perciben al cuidador principal como un vínculo positivo entre ellos y su hijo (Carretero et al., 2021). La estabilidad proporcionada por el cuidador resultó ser un factor fundamental para fomentar la seguridad emocional y el desarrollo de vínculos de apego saludables. (Poehlmann, 2005). La estabilidad en el entorno de cuidado promueve la confianza, un mejor manejo del estrés y habilidades de resiliencia. En contraste, la inestabilidad en la relación cuidador-padre o la falta de apoyo puede incrementar la ansiedad e inseguridad en los menores, afectando la capacidad de los menores para formar vínculos saludables y su bienestar a largo plazo.
Se anticipaba que una relación positiva entre el cuidador y el padre encarcelado favorecería una conexión más sólida entre este y su hijo (Tasca et al., 2016, Poehlmann, 2005). Al explorar esta dinámica, se encontró que una relación saludable entre el cuidador y el padre encarcelado fomenta la interacción continua y fortalece el vínculo emocional con el menor.
Por otra parte, se confirmó que la mayoría de los menores expresaron el deseo de mantener contacto con sus padres encarcelados. Este hallazgo está alineado con estudios previos que mencionan que los menores buscan mantener una relación de apego saludable con sus padres, independientemente de las circunstancias adversas (Techera et al., 2012). De igual forma, la literatura sugiere que una relación positiva entre padre–hijo ha demostrado ser un factor protector en el desarrollo infantil, promoviendo una mayor estabilidad emocional y social (Cano et al., 2019; Wilson et al., 2011).
Otro hallazgo importante fue el descubrimiento de que algunos padres habían asumido el rol de cuidador principal antes de ser encarcelado.
Este resultado contrasta con la literatura existente y desafía visiones tradicionales que generalmente no consideran a los padres como cuidadores primarios y minimizan su participación en la crianza de los hijos (Cabrera et al., 2018).
La separación forzada en estos casos generó una mayor angustia tanto en el bienestar emocional del padre como en el desarrollo del menor. Un rol activo previo como cuidador principal puede fortalecer el vínculo entre ambos, pero también conlleva desafíos adicionales que afectan la dinámica familiar y la estabilidad emocional del padre debido a la separación. Este hallazgo sugiere la necesidad de considerar estos antecedentes en el diseño de intervenciones que apoyen la continuidad de la relación padre-hijo tras el encarcelamiento.
Respecto al segundo objetivo, se identificaron múltiples estresores personales y sistémicos que enfrentan los cuidadores y que influyen en la frecuencia de visitas a los padres encarcelados.
Estudios anteriores han revelado que las visitas a los padres encarcelados pueden tener impacto positivo en la relación padre-hijo (Bales y Mears, 2008; Poehlmann et al., 2010; Tasca et al., 2016).
Entre los factores personales, la carga financiera se destacó como un desafío importante, ya que muchas cuidadoras enfrentaban dificultades económicas para costear los traslados a las cárceles. Además, las cuidadoras a menudo asumían una doble responsabilidad: cuidar tanto al padre encarcelado como del menor, lo que incrementaba su carga emocional y física. Este hallazgo concuerda con la literatura existente, que señala las múltiples barreras que enfrentan los cuidadores y cómo estas pueden afectar tanto su bienestar como su disponibilidad para facilitar las visitas al padre encarcelado (Mackintosh et al., 2006; Chui, 2016).
A nivel sistémico, las condiciones de seguridad en los centros penitenciarios, los ambientes intimidantes, la presencia de perros de control y las estrictas medidas de vigilancia generaban miedo y ansiedad tanto en los menores como en los cuidadores. Asimismo, los horarios escolares, que limitan la posibilidad de ausencias, y el traslado frecuente de los padres entre diferentes instituciones carcelarias, complicaban la planificación de las visitas, reduciendo así la oportunidad del contacto regular padre-hijo. En conjunto, estos factores disminuyen la frecuencia de las visitas y debilitan la relación afectiva entre el padre encarcelado y su hijo.
Estos hallazgos coinciden con lo señalado en la literatura previa, que destaca cómo las dinámicas familiares- ya sean positivas, negativas o mixtas – pueden verse afectadas por la falta de privacidad debido a los altos niveles de seguridad y vigilancia, las restricciones de movimiento y el contacto físico limitado durante las visitas. Estudios plantean que las condiciones carcelarias no solo limitan, sino que también desmotivan la interacción familiar, contribuyendo a la ruptura del vínculo entre el padre encarcelado y su hijo (Hutton, 2016; Tasca et al., 2016).
Este estudio también identificó factores protectores que pueden contribuir a que la relación entre el padre y el menor se mantenga a pesar de la situación de confinamiento. Se observó el uso de tecnologías como videollamadas y llamadas telefónicas, las cuales emergieron como una estrategia eficaz para mitigar el impacto de la separación física. Además, una relación positiva y cooperativa entre el cuidador y el padre encarcelado también desempeñó un papel crucial en el mantenimiento del contacto frecuente. Estos factores sugieren que las iniciativas para fortalecer el acceso a la tecnología en los centros penitenciarios podrían ofrecer una estrategia efectiva para mitigar el impacto negativo de la separación forzada y reforzar los lazos familiares bajo condiciones adversas.
Conclusiones
Este estudio se basa en una muestra pequeña y contextual; por tanto, sus hallazgos son transferibles a contextos similares, pero no generalizables estadísticamente. No se incluyeron voces de NNA ni de los padres encarcelados, lo cual limita la triangulación de perspectivas. Investigaciones futuras deberían: (a) incorporar múltiples informantes (NNA, padres, personal penitenciario); (b) examinar diversidad de cuidadores (género, parentesco, condición laboral) y (c) evaluar, en diseños mixtos, el impacto de intervenciones para mejorar la coordinación cuidadora–padre y el acceso a tecnologías de comunicación.
La calidad de la relación cuidadora–padre encarcelado emerge como un factor determinante del vínculo NNA–padre. Abordar estresores personales y sistémicos, y potenciar factores protectores como la cooperación y la comunicación mediada por tecnología, puede mejorar el contacto y el bienestar de NNA. Se requieren estrategias clínicas, comunitarias e institucionales coordinadas para sostener estos vínculos en condiciones de privación de libertad
Este estudio cualitativo resalta la compleja dinámica entre cuidadores, menores y padres encarcelados, destacando el papel crucial que desempeñan los cuidadores en la preservación y fortalecimiento del vínculo entre el hijo y el padre encarcelado. Una relación positiva y colaborativa entre el cuidador y el padre encarcelado se identificó como un elemento clave para fomentar la estabilidad emocional del menor. A su vez, la mayoría de los menores expresan un fuerte deseo de mantener una conexión continua con su padre, a pesar de las adversidades asociadas con el confinamiento.
Además, se identificaron múltiples estresores, tanto personales como sistémicos, que dificultan significativamente la capacidad de los cuidadores para facilitar las visitas al padre encarcelado. Las participantes señalaron que, en muchas ocasiones, el propio sistema penitenciario impone limitaciones que restringen el acceso de los menores a sus padres. Entre los principales desafíos reportados se encuentran las dificultades económicas, la carga emocional, los horarios de visita poco flexibles, las barreras estructurales del entorno carcelario y las restricciones de los horarios escolares. Estos factores combinados representan desafíos considerables que reducen las oportunidades de contacto entre los menores y sus padres, afectando negativamente el desarrollo socioemocional de los menores.
Para disminuir el impacto de estos obstáculos, es fundamental fomentar políticas públicas que se enfoquen en el bienestar de las familias afectadas por el encarcelamiento. La ampliación y flexibilización de los horarios de visita, reduciría el conflicto con las obligaciones escolares y laborales, permitiendo una mayor participación de los menores. Mejorar los espacios físicos de interacción en las cárceles, creando entornos seguros y acogedores, permitiría interacciones más significativas. Además, brindar apoyo psicológico a cuidadores y menores, y capacitar al personal penitenciario en dinámicas familiares, contribuiría a crear un ambiente más acogedor y seguro, fortaleciendo las relaciones familiares a pesar del contexto de encarcelamiento.
Es importante destacar que, además de los obstáculos, existen factores de apoyo que contribuyen a que la relación entre padre e hijo se mantenga. El uso de tecnologías de comunicación, como llamadas telefónicas y videollamadas, ha demostrado ser efectivo para facilitar el contacto regular y brindar a los menores la oportunidad de comunicarse con sus padres de forma accesible y continua. Asimismo, una buena relación entre el cuidador y el padre encarcelado también se destacó como un factor positivo, ya que fomenta la frecuencia y calidad del contacto entre el menor y su padre.
En conclusión, este estudio resalta la importancia de proporcionar apoyo económico y emocional a los cuidadores, así como la necesidad de crear políticas públicas que reformen el sistema penitenciario actual para que faciliten entornos de visitas más accesibles, seguros y menos intimidantes. Abordar estos desafíos resulta esencial no solo para fortalecer los vínculos familiares en situaciones de confinamiento, sino también para promover el bienestar socioemocional de los menores afectados. Entendemos que mejorar las condiciones de las visitas puede actuar como un factor protector ante los riesgos emocionales asociados al encarcelamiento parental, contribuyendo al desarrollo saludable de los niños y adolescentes.
Futuras investigaciones deberían continuar profundizando en estas dinámicas incorporando con una mayor diversidad de perspectivas, incluyendo tanto las voces de los menores, los padres en confinamiento y los propios cuidadores, con el objetivo de generar intervenciones más integrales, culturalmente sensibles y sostenibles en este contexto. Fortalecer el apoyo a las familias afectadas por el encarcelamiento es un paso vital hacia una sociedad más inclusiva y comprometida con la protección de los derechos de la niñez y juventud.
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